Escrito por María Ester Roblero / Nº 256 /  12 April 2018
Los problemas sin solución

Todos sabemos que las familias perfectas no existen, sin embargo hoy más que nunca “la foto de la familia feliz para las redes sociales” es un paradigma que pesa y abruma a muchos. ¿Cómo aprender a vivir con aquellos problemas familiares que agobian, que incluso nos avergüenzan y estigmatizan y que nos hacen sentir peores que los demás?

Con brutal sinceridad Felipe (46 años) dice: “En apariencia tenemos todo lo que la gente anhela para ser feliz. Sin embargo, la mayor de nuestras hijas ha sido detenida ya dos veces por conducir en estado de ebriedad. Consume drogas y cuando sale nunca sabemos si volverá viva o muerta a la casa. Ningún tratamiento ha dado resultado. Discutimos, nos recriminamos, mi señora llora todas las noches… Después de muchos años he llegado a la conclusión que debemos aprender a vivir con esto”.
Alejandrina y Samuel se casaron a pesar de la fuerte oposición de sus familias: ella pertenece a una familia católica y él judía. “Pensamos que íbamos a saber remar con la marea en contra. Pero desde que Samuel quebró y perdimos nuestra casa, esto se ha vuelto imposible. Nuestros padres no se hablan, no podemos celebrar nada juntos, mis papás me hablan mal de Samuel y los papás de él le hablan mal de mi. Los niños nos preguntan por qué no ven a sus abuelos…, hasta nuestros hermanos han comenzado a tomar distancia para no tener problemas familiares”.

Como estas dos historias existen tantas como personas a nuestro alrededor: en cada familia hay una oveja negra, un tema tabú, una herida que parece heredarse inevitablemente de generación en generación. Los psicólogos y psiquiatras, al ser consultados por esos “problemas sin solución”, exclaman: ¡es lo que veo a diario en mi trabajo!

1. Vence tus miedos sociales

Brené Brown, autora del best seller mundial Los dones de la imperfección explica que todos los seres humanos necesitamos sentir amor y pertenencia. Ambos hacen posible la conexión con los demás. Sin embargo, es frecuente el sentimiento de desconexión. Éste nos invade cuando en vez de sentirnos dignos de ser amados y aceptados, tenemos vergüenza y nos ocultamos detrás de una careta, una falsa imagen o simplemente levantamos muros para no exponernos socialmente y mostrar nuestras vulnerabilidades.

Esta autora explica que aceptar nuestros miedos y debilidades es imprescindible para relacionarnos sin temores con nuestro entorno y con nosotros mismos. Para lograrlo aconseja:
Convéncete de que la conexión con los demás es fruto de la autenticidad y no de la perfección.
Ten coraje. Es una palabra que deviene del termino latín “corazón”. El coraje sirve para explicar tu propia historia con todo tu corazón, en primer lugar a ti mismo y luego a los demás. “¡Sé amable contigo primero!”, señala.
Frente a los peores problemas, di a tus hijos: “eres imperfecto, pero estás hecho para luchar y eres digno de amor y pertenencia”
Pon en práctica dos estrategias infalibles. En los momentos más duros encuentra siempre algo por lo que agradecer y por malo o feo que sea lo que estás viviendo cree desde el fondo de tu corazón que eres una persona completa, suficiente y digna de ser amada por los demás.

2. No pierdas jamás la esperanza y busca redes

William Ury, experto en negociación en conflictos políticos, empresariales e incluso familiares, señala que todas las negociaciones pueden resumirse con la misma frase: “Un camino del no al sí”. Bajar las armas y construir puentes de paz.

Sus consejos para no perder la esperanza en medio de los más angustiosos problemas son:
Entender que la esperanza no debe estar puesta en hacer desaparecer un problema sino en encontrar una alternativa de reconciliación.
Jamás conversar enojados: “Habla enojado y harás el mejor discurso que tengas que lamentar”, dice.
Poner distancia y ver el conflicto desde fuera. Muchas veces esto se logra con algo tan simple como salir a caminar en silencio. (En su página web, Ury se define como autor, mediador y caminante).
Por último, recomienda siempre buscar a la “tercera parte herida” en un conflicto. Es aquella parte que no lo ha causado, que no está involucrada directamente, pero que sufre las consecuencias. Pueden ser los otros hijos, los amigos, los abuelos…, en resumen, quienes sienten nuestro dolor y pueden transformarse en nuestras redes de apoyo.

3. Practica la verdadera empatía

Joan Halifax ha presenciado grandes sufrimiento en la India. Y dice: “La compasión no implica no sentir lástima ni tristeza. Significa ser capaz de ver con claridad la naturaleza del sufrimiento propio y ajeno. Practicar la compasión permite empatizar con los demás en nivel profundo”. Añade que una persona auténticamente compasiva es resiliente y se pregunta en consecuencia: ¿por qué enseñamos tan poco la compasión a nuestros hijos?

Sus consejos frente a la adversidad son:
No te adelantes al desenlace del problema. Puede sonar frío, pero en medio de los problemas también existen momentos buenos que se pueden disfrutar y agradecer.
Ve con claridad la naturaleza del sufrimiento: muchas veces sufrimos porque amamos mucho. Todos queremos amar. Reflexionar en torno a esta idea nos ayuda a mantenernos fuertes.

4. Acepta el conflicto como parte de la vida

La escritora Margareth Heffernan es una convencida que ese impulso biológico que empuja a preferir a personas iguales y a buscar solo a quienes piensan igual a uno, no es bueno. De hecho, su opinión adquiere fuerza al analizar lo que ocurre en las redes sociales donde se aglutinan personas que se potencian mutuamente en su forma cerrada de entender la vida y el mundo.

En una familia o comunidad real esto es imposible, no nos elegimos. Por ello aconseja:
Aprende a disentir y oponerte asertivamente con las ideas que no compartes.
Acepta el conflicto pero manéjalo correctamente. Esto a veces implica buscar formas de colaborar en su solución más que en atrincherarse.
Atrévete a buscar personas con otras perspectivas que pueden ampliar tu mirada sobre el asunto.

5. No pierdas la ilusión

María Graciani, en su charla TED El lenguaje de la motivación define la ilusión como esa incesante pasión por uno mismo. “Los demás creen en ti si tu crees en ti”, dice. Y lo grafica así: “Está comprobado que el abejorro, anatómicamente, por su peso, no puede volar. Pero no lo sabe. Y vuela”. Eso es lo que permite la autoconfianza y alegría.

En esta misma línea otros autores aconsejan:
Piensa siempre en qué puedes comunicar de ti. A pesar del entorno complicado y de los problemas, siempre puedes decidir comunicar algo bueno, contar algo bueno, ver algo bueno. Eso te ayuda a ti y ayuda a crecer a los demás. Decir todos los días: “soy el peor”, te convierte en el peor. (Javier Cebreiros).
Huye de personas que te dejan seco y busca personas que te llenan el estanque.
Un amigo con una conversación inspiradora nos puede sacar del hielo”. (Álvaro González Alorda).

Consejos para quienes no tienen problemas:

Si eres de las personas sin conflictos en la vida, entonces te toca un papel crucial en la vida de los demás. Estos son un par de consejos de para ti:

No sientas lástima o condescendencia por los demás. Todos tienen varias historias en su propia vida y muchas de éstas son felices. Insistir en las partes negativas es simplificar la historia de los demás. (Chimamanda Adichie)
Tu eres parte del entorno de los demás. Hay personas que siempre están restando, porque que han tomado la decisión de restar y no de sumar. ¿Cuál es tu decisión: restar o sumar?. (Javier Cebreiros)
Evita las discusiones con familiares, hijos, vecinos…, que quieren siempre discutir. “Es el momento de seguir el consejo de Henry Higgins en My Fair Lady: Si cada conversación puede derivar en una discusión, enfócate en el clima y en la salud”. (Celeste Headlee)

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