Escrito por Tania Herrera / Nº 257 /  25 May 2018
Las organizaciones también cultivan el arraigo

Algunas instituciones en Chile están trabajando para que los jóvenes se sientan menos solos, puedan aprender a mirar hacia adentro y a su vez empatizar con el entorno. A través de la educación emocional y la formación de liderazgos, estas organizaciones están fomentando la solidaridad, el arraigo y la empatía.

En la película Coco de Disney Pixar, Miguel de 12 años aspira a ser un músico. Persiguiendo su sueño se ve trasladado misteriosamente al “Día de los muertos”, conocida tradición mexicana. En esta festividad, junto a sus ancestros y un universo lleno de colores, papel picado, música folclórica mexicana, y figuras de animales fantásticos populares, Miguel va en búsqueda de su tatarabuelo.

Esta película de animación vino a recordarnos lo importante que pueden ser las tradiciones familiares y la herencia cultural para sentir que no estamos solos y que siempre hay un “nosotros”. Ciertamente, la familia es central para conformar este “nosotros”, pero también son las instituciones, las organizaciones, las leyes y todo el marco social en el que nos movemos.

Actualmente, existen en Chile algunas instituciones están abocadas al tema del fomento del arraigo y del sentido de pertenencia en los adolescentes chilenos. Entre ellas es posible destacar el trabajo de tres: ActitudLab, IdeaPaís y La Caracola.

Mirar hacia afuera y hacia adentro

ActitudLab nació formalmente en 2012 como una empresa social “B” que buscaba fortalecer el sistema educativo chileno a través del desarrollo de habilidades socioemocionales para potenciar a los alumnos según sus propias capacidades y sus propósitos en la vida.

El abogado Sebastián Errázuriz (41) fundó esta organización después de dedicarle gran parte de su tiempo a hacer clases de emprendimiento y liderazgo en liceos técnicos profesionales y darse cuenta que muchos de estos niños y adolescentes estaban carente de vínculos socioemocionales con su colegio, su curso y su comunidad.

Al día de hoy ActitudLab ya ha impactado a más de 50.000 personas, entre ellas 30.000 estudiantes, y ha estado presente en más de 160 colegios a lo largo de todo Chile donde el foco ha sido la educación pública municipal, dice Errázuriz. Una de sus metas es reducir en un 20% a los jóvenes Ninis (jóvenes de entre 15 y 29 años que no estudian ni trabajan) de aquí al 2020.

“Me parece que es difícil desarrollar el arraigo en los jóvenes porque nuestra cultura está cada vez más ensimismada, mirándonos al ombligo. A nadie le puede importar este país si no lo conoce”, opina Errázuriz. El gran desafío que tenemos hoy como sociedad, dice el abogado, es lograr que los jóvenes entiendan más al país. Y para lograr esto, la respuesta está en: vincularnos.

En ActitudLab han elaborado distintas metodologías que están relacionadas al desarrollo de habilidades socioemocionales, donde impera lo afectivo y emocional, al contrario del status quo del sistema educacional chileno donde es más importante lo cognitivo y lo conductual.

Los jóvenes aprenden a mirar hacia adentro: ¿qué es lo que más me motiva en la vida?, ¿cuáles son mis miedos?, ¿qué roles estoy cumpliendo? Y al mismo tiempo miran hacia afuera: las necesidades de sus comunidades, de sus colegios y sus cursos.

“Si mis padres no validan mis emociones, si mi entorno no valida mis emociones, ¿cómo voy a tener cariño por ese entorno? ¿Cómo voy a tener cariño por una escuela donde nunca les importó quién era yo?”, dice Errázuriz.
ActitudLab imparte distintos tipos de cursos lectivos donde además de enseñar el currículum de una manera innovadora, constantemente desafía a los jóvenes a interesarse por su entorno. Por ejemplo, en los cursos “Emprendimiento” e “Ideas con Energía”, los estudiantes desde séptimo básico en adelante tienen que salir a resolver necesidades de su liceo en el primer semestre, y resolver problemáticas de su comuna en el segundo semestre.
Otro gran problema que lleva al desarraigo de los jóvenes es la falta de autonomía y la excesiva autoridad por parte de los padres, dice Errázuriz. “Siento muchas veces que las familias no los dejan vivir: Tengo cabros que son muy mamones porque están tan protegidos por el entorno que no han vivido”, señala.

En ese sentido, el abogado propone sacar a los adolescentes a la calle y que conozcan su ciudad. En los programas de segunda oportunidad dirigidos a los Ninis, la organización lleva a los jóvenes a visitar los museos de Santiago y sus plazas públicas. “No puede ser que el niño que vive en Puente Alto solo conozca su comuna. Ese es un problema de sus papás. ¿Cómo mi hijo no va a tener arraigo a Santiago? Le tiene que gustar su ciudad y su país”, dice el abogado.

El arte como medio de aprendizaje

La educación emocional es también la gran herramienta de La Caracola, organización que trabaja con niños y adolescentes. Carolina Galaz lleva una década realizando talleres de arte y creatividad como medio para identificar, expresar y elaborar las emociones.

Además de tener un sólido programa de arteterapia en hospitales con niños con cáncer, La Caracola realiza programas educativos enfocados en el trabajo emocional en colegios municipales, subvencionados y particulares. En ellos, la artista trata de reforzar la autoestima y de resimbolizar el dolor que muchos de estos niños tienen.

“Los jóvenes vienen de una infancia de no ser vistos. Esto crea inseguridades y problemas importantes dentro de la vida. Un adolescente que no fue visto de niño puede ser que tenga más rebeldía, más soledad, que esté menos vinculado”, señala.
En sus programas escolares y talleres privados en su casa, la artista realiza dinámicas que apuntan al respeto y a desarrollar la creatividad con materiales reciclados. “Trabajo con reciclaje porque es una segunda oportunidad. Es la simbolización del dolor. Es darle una segunda oportunidad a las cosas, pero también a mí mismo para poder transformar lo que me duele y lo que me hace daño”, dice Carolina Galaz.

La artista cuenta que en el último tiempo realiza programas en colegios para el aprendizaje del respeto donde no solo participan los alumnos, pero los apoderados y docentes también.

Una de sus intervenciones dentro del programa se llama “La banca del respeto” donde dos niños de un curso se sientan frente a frente, mirándose a los ojos y tratan de resolver sus diferencias.

“Los niños son honestos. Uno le dice al otro ‘Me pegas, lo encuentro injusto, yo la paso mal’… Se miran y se escuchan. Y cuando los dos ven que lo que hay en la profundidad son heridas, solo ahí pueden empatizar. El que hace bullying es capaz de pedir perdón y mejorar su conducta”, dice Galaz.

Jóvenes conscientes e informados

IdeaPaís es un centro de estudios cuyos objetivos principales son convocar nuevos liderazgos jóvenes y proponer políticas públicas innovadoras desde los principios de solidaridad, justicia social y libertad.

Su dierctor ejecutivo, Pablo Valderrama, cuenta que la organización posee dos áreas de acción: una de formación donde se incluyen cursos en establecimientos educacionales y congresos de líderes secundarios, y otra de estudios e investigación.
“Nosotros entendemos que la solidaridad no es solamente una virtud de las personas. Por eso tratamos de promover un orden donde las instituciones y las leyes también promuevan la solidaridad de las personas”, señala.
Para esta organización la educación es la base más importante para el desarrollo social. “Enseñar qué el pensamiento crítico, es apostar porque a futuro tengamos líderes conscientes de que los problemas sociales se solucionan dialogando y no destruyendo. Construyendo juntos y no separando”, enfatiza.

Los cursos de formación de IdeaPaís están dirigidos al público universitario y el secundario y son multifacéticos pasando por temas de filosofía política, economía o contingencia. “Creemos que estos cursos promueven la solidaridad porque se toma consciencia de las necesidades del país y son los mismos alumnos que se vuelven actores relevantes en los cambios”, agrega.

Las charlas y congresos de líderes secundarios se han realizado en distintos colegios en Ñuble, Valparaíso, Santiago y Rancagua, enfocándose en centros de alumnos para fomentar el liderazgo. Hasta el momento, estas instancias han convocado a grupos de hasta 500 estudiantes, líderes de opinión, políticos y expertos.

El área de estudios por su parte busca tratar temas de solidaridad, responsabilidad social e igualdad de oportunidades, entre otros temas, con un lenguaje muy cercano a los jóvenes.

Para Valderrama, la llegada masiva de inmigrantes al país ha abierto una oportunidad para hablar de nuestra cultura y preguntarnos cómo se está dando la chilenidad. “A mi juicio éste es un punto muy importante que se da en los colegios municipales y particulares subvencionados que reciben a muchos niños que son extranjeros. Nos obliga a hacernos preguntas sobre qué es lo que nos compone y qué es lo que le da vida a la cultura chilena”, dice el líder de IdeaPaís.
En ese sentido, la educación es clave opina Valderrama “al generar una mayor preocupación por la sociedad y nos hace preguntarnos que es Chile y cuáles son sus instituciones, cultura, personas, etc.”

Organizaciones como ActitudLab, La Caracola e IdeaPaís están poniendo su granito de arena para generar un mayor arraigo y sentido de pertenencia en los jóvenes y adolescentes chilenos. A través de la educación socioemocional y la generación de lazos entre pares, las dos primeras organizaciones desean transformar un sistema educativo enfocado en lo cognitivo y el saber para que los niños puedan explorar su propia creatividad y alcanzar sus propósitos de vida. IdeaPaís por otra parte desea convocar nuevos liderazgos juveniles a través del pensamiento crítico. Al ser conscientes de los problemas de la sociedad, se genera un mayor espíritu solidaridad y por ende un sentido real de que pertenecemos a “algo”.

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