Escrito por Jorge Velasco / Nº 257 /  17 May 2018
Primera infancia: Prioridad N°1

Los primeros mil días de vida de los niños desde la gestación son vitales para la evolución de su cerebro y de su sistema nervioso. En tanto, el apego y la estimulación temprana hasta los seis años les ayudarán a su desarrollo cognitivo, emocional, social y de comunicación. Por eso, someterlos a situaciones de estrés en la primera infancia -provocadas principalmente por un contexto de pobreza y vulnerabilidad- podría provocarles daños muy difíciles de reparar en el futuro y que limiten su desarrollo. (Fotos Gentileza Fundación Educacional Oportunidad y Fundación Niños Primero)

Los 1.313 menores que han fallecido en organismos colaboradores u hogares propios del Sename durante la última década, pusieron a los niños como un tema de máxima preocupación nacional.

Por eso, junto con asumir el Gobierno, el Presidente Sebastián Piñera anunció un Gran Acuerdo Nacional por la Infancia. “Haremos todo lo humanamente posible para que no solo ni uno más de nuestros niños sea abusado ni maltratado, sino también para que nuestros niños y niñas recuperen sus hogares, su inocencia, su dignidad y su alegría de vivir”, aseguró el 11 de marzo. Algunas semanas más tarde, a comienzos de abril, presentó un grupo de trabajo transversal de 27 personas para elaborar, en un plazo de 60 días, propuestas legislativas y administrativas relacionadas con esta materia.

Los expertos explican que la primera infancia (cero a seis años) es esencial para la posterior evolución de las personas, tanto en su niñez como en su vida adulta. Durante los primeros 1.000 días de la vida de un niño desde la gestación, se desarrollan las estructuras del cerebro, la corteza cerebral y las principales funciones del sistema nervioso. “Son los cimientos para las funciones cerebrales más complejas. Es una etapa crítica de la vida para las oportunidades que va a tener un niño en el futuro.

Los daños que puedan tener los niños en los primeros tres años van a ser muy difíciles de reparar”, afirma Sylvia Eyzaguirre, investigadora del Centro de Estudios Públicos (CEP) y especialista en educación.
“Hay diferentes aspectos como el lenguaje, la visión, la audición y las funciones ejecutivas que, si no se desarrollan adecuadamente en esta etapa, se pierden. Eso tiene que ver con la estimulación, el apego, el contexto en el que está el niño, la calidad de las interacciones con los adultos o con el ambiente”, agrega Marcela Marzolo, directora ejecutiva de Fundación Educacional Oportunidad.

Sin embargo, la realidad chilena dista mucho de entregar condiciones óptimas para el adecuado desarrollo de los niños en la primera infancia, especialmente para los sectores más vulnerables.

Niños en problemas

Las cifras muestran que la pobreza en Chile impacta principalmente a los menores. Según la encuesta Casen 2015, si el 11,7% de la población vive en condición de pobreza, este número sube a 19,5% en el caso de los niños de 0 a 3 años. Es un 50% más que el promedio nacional y casi el triple que los adultos mayores, que alcanzan un 6,6%. A su vez, un tercio de los niños nacen en hogares que pertenecen al 20% más pobre del país y tienen un ingreso autónomo per cápita promedio de $55.000 mensuales, cinco veces menos que el promedio del país.

De acuerdo al estudio Turning 1 year of age in a low socioeconomic environment: a portrait of disadvantage, los infantes que crecen en situación de pobreza tienen retrasos significativos respecto de sus pares de nivel socioeconómico medio en pruebas de lenguaje y habilidades cognitivas. “Todos los niños nacen en condiciones similares y alrededor del año y medio de vida se empiezan a producir las brechas en el desarrollo y aprendizaje. Un niño que se empieza a atrasar, ingresa al sistema escolar y tiene más inconvenientes en la escritura, la lectura y en otras disciplinas”, afirma Marcela Marzolo. En ese sentido, comenta la experta, la rehabilitación siempre será más cara que mantener las condiciones favorables desde un comienzo.
¿Por qué se produce este impacto negativo en niños de más bajos recursos? El principal factor que afecta el progreso del cerebro, apunta Sylvia Eyzaguirre, es el cortisol, una hormona que se libera frente al estrés tóxico y que, en exceso, daña el cerebro, repercutiendo en el aprendizaje, el comportamiento y la salud física y mental. “Los niños que han sufrido violencia intrafamiliar, extrema pobreza, madres o padres ausentes u otras circunstancias, se encuentran en un estado de alerta frente al cual el cuerpo genera cortisol, con daño al cerebro en el corto y largo plazo. Lo mismo se ha visto incluso dentro del útero. Cuando la madre sufre un estrés negativo, el cortisol le llega a través de la placenta al feto y este nace con un desarrollo cerebral menor”, detalla.

Chile Crece Contigo

Para Sylvia, es esencial entregarle a los menores las mismas oportunidades de desarrollo. “Para eso tenemos que darles mejores condiciones de vida a los más vulnerables, quienes se encuentran en condiciones extremas de pobreza, lo que produce un estrés tóxico en sus madres y en ellos y que hace que su cerebro no se desarrolle en forma adecuada”, afirma.

Según destaca esta investigadora en el documento Protección de la Primera Infancia, trabajo publicado por el CEP en noviembre 2017, el programa gubernamental Chile Crece Contigo, vigente desde 2007 para el acompañamiento, protección y apoyo a los niños, se ha constituido en una plataforma valiosa, con cobertura a nivel nacional. Sin embargo, ha presentado diversas carencias en su ejecución y en la asignación de recursos que afectan su efectividad, y le ha costado detectar oportunamente a las familias en riesgo social y a los niños con rezago.

Mejorar las Políticas Públicas: Propuesta del CEP

¿Cómo mejorar las políticas gubernamentales para resguardar un desarrollo adecuado durante la primera infancia, con foco en los niños más vulnerables? Esa fue la pregunta que se realizó el CEP para realizar su propuesta.

El documento Protección de la Primera Infancia, publicado en noviembre de 2017 y elaborado por Sylvia Eyzaguirre y el investigador Andrés Hernando, realiza cuatro grandes propuestas.

Transferir recursos a mujeres embarazadas o con hijos menores de seis años que pertenezcan al 40% de las familias más vulnerables, para mitigar las causas del estrés tóxico, sin desincentivar el trabajo ni incentivar la natalidad.
Condicionar la asignación de recursos al cumplimiento de condiciones del programa Chile Crece Contigo, para así detectar a tiempo a los niños que presentan rezago en su desarrollo y mejorar el acceso de estos niños a intervenciones de estimulación temprana.
Perfeccionar el programa Chile Crece Contigo, creando un sistema de alerta temprana, mejorando la coordinación entre las instituciones, la calidad de los servicios y las acciones.  Se debe, además, estructurar un sistema de evaluación de los diferentes servicios y acciones que contempla el programa, y reasignar recursos a las áreas prioritarias.
Crear una subvención universal para el nivel medio mayor (Play Group), que atiende a niños de tres años.

Educación Parvularia

El desarrollo de la primera infancia no solo va de la mano del adecuado contexto socioeconómico, sino también del educacional. La evidencia internacional -sostiene Eyzaguirre- muestra que ir a un centro de educación parvularia a partir de los dos o tres años de edad tiene efectos positivos en la evolución de los niños.

“Contar con una educación parvularia de calidad y con alta cobertura permitiría estimular a los niños de forma temprana, mejorar sus capacidades cognitivas, detectar a quienes presentan rezagos significativos y prestar apoyo a estos niños para que no se queden atrás”, explica la investigadora del Centro de Estudios Públicos. Aspectos como estimulación cognitiva y física, resolución de problemas, desarrollo del lenguaje, relaciones con sus compañeros y con los educadores, la interacción con el mundo y con la naturaleza, son esenciales en esta etapa de la enseñanza.

Sin embargo, las cifras nacionales en este ámbito son elocuentes. En Chile, sólo el 18% de los niños de cero a dos años asiste a la sala cuna, mientras que en la OCDE esa cifra llega al 33%; en nuestro país el 54% de los niños de tres años va al jardín infantil, índice que en la OCDE es del 71%; finalmente, el 78% de los padres de niños hasta tres años que no asisten a educación parvularia, piensa que esto no es necesario porque los cuidan en la casa.

Se trata de una realidad riesgosa. “Todos los niños vienen con el mismo potencial, con la misma capacidad de desarrollar habilidades como el lenguaje y la capacidad de expresarse, pero si no están en un ambiente que les permita desplegarlo, eso se pierde y después cuesta mucho más equilibrarlo”, comenta Marcela Marzolo.

primera-infancia-257_4Fundación Niños Primero: Respaldo en los hogares

“Estamos convencidos de que la Primera Infancia es crucial para el éxito futuro de nuestra sociedad, porque está demostrado que mientras antes se invierta en apoyo social y emocional de nuestros niños, mejores serán sus resultados académicos y mayores serán las oportunidades que tendrán ellos en la vida”, aseguran en la Fundación Niños Primero.

Esta organización nació en 2015 de la mano de la abogada Anne Traub y del ingeniero comercial Matías Claro. Con la premisa de que “tu hogar es la primera sala de clases de tu hijo”, adaptó a la realidad de familias vulnerables chilenas el programa de la ONG estadounidense Parent-Child Home Program (PCHP), vigente desde 1965.

El programa Padres e Hijos en Casa se focaliza en infantes de escasos recursos de dos a cuatro años. Busca fomentar la alfabetización, la estimulación temprana, el desarrollo de habilidades parentales, potenciar la relación padre/madre-hijo y, en definitiva, el núcleo familiar. Durante dos años (46 sesiones), una monitora asiste dos veces por semana en sesiones de 30 minutos a cada hogar, para trabajar con el menor y su padre o madre o adulto responsable.
De esta forma, los niños van adquiriendo habilidades comunicativas y quedan mejor preparados para cursar Prekínder al año siguiente. “Lo más destacado, sin embargo, es que los padres sepan que son los primeros y más importantes educadores y cuidadores de sus hijos”, afirma Anne Traub, su directora ejecutiva

A pesar de que se trata de un programa complementario al jardín infantil, la fundación busca trabajar con menores que no estén asistiendo al sistema de educación formal, para así incentivar su escolarización futura.
Los resultados de PHCP en Estados Unidos han mostrado que los menores que han pasado por este programa tienen un 30% más de probabilidades de graduarse del colegio (pues no lo abandonan) que sus pares del mismo grupo socioeconómico y un 50% menos de probabilidades de ser derivados a servicios especiales de educación al ingresar a tercero básico. A su vez, cuando ingresan al colegio, muestran un rendimiento equivalente a 10 meses más avanzado que sus pares. Y al enfrentarse a evaluaciones del Departamento de Matemáticas y Ciencias de Estados Unidos en tercero básico, los niños del PHCP obtuvieron resultados 8,5% y 13,4% mejores en lenguaje y matemáticas, respectivamente, que alumnos de sus mismas condiciones socioeconómicas.

En Chile, si bien la experiencia es reciente, la fundación ha visto que la mayoría de los niños que no hablaba al primer año, sí lo hizo al segundo; además, la gran mayoría que no iba al jardín pudo ingresar luego de postular.

 

primera-infancia-257_2Fundación Educacional Oportunidad: Calidad en la Educación Inicial

En Chile hay diversas instituciones que están promoviendo la educación en la primera infancia. Una de ellas es la Fundación Educacional Oportunidad. A través de su programa Un Buen Comienzo busca mejorar la calidad de la educación inicial (Prekínder y Kínder) en escuelas públicas del país, gracias al impulso del desarrollo profesional de docentes (educadores y técnicos en párvulos), directores y jefes de UTP (Unidad Técnico Pedagógica). El programa se basa en siete ejes de intervención: desarrollo del lenguaje, desarrollo socioemocional, interacciones de calidad en el aula, asistencia, involucramiento familiar, liderazgo de los equipos directivos y tiempo de instrucción.
“Ponemos el foco en los procesos: lo que pasa en la sala de clases, la interacción entre el educador y los niños, en el tipo de experiencias de aprendizajes a las cuales son expuestos, en cómo participan las familias y en cómo se evalúan los aprendizajes. Ahí están los mayores desafíos”, explica su directora ejecutiva, Marcela Marzolo.

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