Escrito por María Ester Roblero C. / Nº 257 /  29 May 2018
Sentirse solo…, a pesar del otro

A tal punto ha llegado el drama mundial de las personas solas, que en el Reino Unido se volvió un asunto de Estado y este 2018 fue creado el Ministerio de la Soledad. Nueve millones de ingleses sufren este mal y no todos pertenecen a la tercera edad.
Aquí les entregamos una serie de teorías y estudios de distintos autores que ayudan a comprender por qué este sentimiento se ha transformado en un problema de Salud Pública internacional.

Solos en la noche es el título de la emotiva película protagonizada por Robert Redford y Jane Fonda. Cansados de la soledad, dos viudos de la tercera edad y vecinos deciden compartir sus noches. Sin más motivación que conversar con alguien, sentir otra presencia cerca, ambos encuentran en este modo de hacerse compañía una fórmula para espantar el aislamiento interior que los agobia. Pero contra todo lo que podría pensarse, la película va más allá y nos muestra a un niño (el nieto) y a un hombre en la mitad de la vida (el hijo) que tampoco logran conectar.

La soledad es compleja y por eso una revista europea, al tratar el tema, recuerda ese capítulo de Charlie Brown en que éste visitó el puesto de psiquiatría de Lucy y le  preguntó: “¿Puedes curar la soledad?”. “Por un centavo, puedo curar cualquier cosa”, le respondió ella. “¿Se puede curar la soledad profunda, negra, que te hace sentir en el fondo del pozo, sin esperanza, del fin del mundo…?” preguntó. “¡Por el mismo precio imposible!”, se espantó Lucy.

Un fenómeno del siglo XXI

Hace 17 años Robert Putnam publicó el best-seller Bowling Alone: The Collapse and Revival of American Community; con este libro hizo sonó la alarma sobre los cambios sociales que nos han ido conduciendo a nuevos niveles de aislamiento.
Putman describe cómo nos hemos desconectado cada vez más de la familia, amigos, vecinos…, advierte que nuestra reserva de capital social,  el tejido de nuestras conexiones entre nosotros se ha desarmado, empobreciendo nuestras vidas y nuestras comunidades. También aborda el modo en que los cambios en el trabajo, la estructura familiar, la edad, la vida suburbana, la televisión, las computadoras, los roles de las mujeres y otros factores han contribuido a este declive.

Casi 20 años después de esa publicación, ya sabemos que la soledad es un problema que afecta a todas nuestras familias, que estamos en medio de una epidemia y que los psiquiatras no están siendo metafóricos cuando hablan de la soledad como una enfermedad. De hecho, es un predictor de muerte prematura, más potente que la obesidad y el equivalente a fumar hasta 15 cigarrillos por día. La razón, explican los científicos, radica en que la soledad actúa sobre las mismas partes del cerebro que el dolor físico. Y aunque antes la psicología asociaba la soledad al aislamiento social, hoy se sabe que es un sentimiento subjetivo, una experiencia interna de desconexión o rechazo, que puede sentir tanto un abuelo relegado en un asilo como una madre de familia numerosa.

Eso provoca que hoy este mal (o podríamos decir enfermedad) sean tan difícil de evitar y abordar: se esconde a plena vista y, a diferencia del tabaquismo y la obesidad, no suele verse como una amenaza.

¿Por qué las personas pueden sentirse solas en un matrimonio?

Aunque podría escribirse un tratado sobre la soledad en el mundo contemporáneo, en estas páginas nos referiremos solo a la soledad en el matrimonio. El escritor y sacerdote español José María R. Olaizola, autor de Bailar con la soledad, describe algunas causas que afectan a hombres y mujeres hoy:

• La inseguridad acerca de la relación: Es una de las mayores zozobras del hombre contemporáneo, escribe. Porque existe una mirada tan escéptica y pragmática sobre las relaciones, que la “falta de compromiso” aparece con el fantasma que sigue a todas partes a la pareja. Muchos sienten que estarán juntos solo “hasta que acabemos de pasarlo bien” y eso los hace sentir “condicionales” y “desechables”. El modo de combatir esta inseguridad es remplazar la mirada pragmática sobre el amor por otra “histórica”, que nos haga avanzar creciendo en momento de alegría y madurando a través de las dificultades. Suena muy difícil hacer este reemplazo si ambos no están de acuerdo en iniciar un diálogo en torno a esta idea y enmendar el rumbo en esta dirección. Pero no por difícil es imposible.

• El exceso de sentimiento y las expectativas desmedidas en torno a la pasión: Pascal Bruckner es un autor que asegura que en nuestro mundo contemporáneo hay una hiper sentimentalidad, que lleva a pensar a las personas que cuando no hay sentimientos no queda nada. “Si se busca la pasión permanente como cimiento de la unión, con la intransigencia loca de los amantes…, llegará el vació”, describe.

•  Las heridas del amor: Efectivamente hay heridas en toda relación que dejan cicatrices. El Papa Francisco las cita en Amoris Laetitia: La confusión de compromiso con atadura que ha hecho sentir a alguno de los dos como estorbo del otro; la dificultad para el encuentro, la conversación y la donación, que levanta muros de silencio; la inmadurez afectiva; la maternidad o paternidad vividas en forma egoísta…

¿Por qué este sentimiento se agudiza con la edad?

A medida que pasan los años la experiencia de fracaso mal asumido (como algo vergonzoso y oculto), el temor a la muerte y la falta de vida interior pueden acrecentar el sentimiento de soledad aún viviendo en pareja.

Con respecto a la muerte José María R. Olaizola señala que es un tema que se intenta silenciar. Funcionamos con la expectativa de vivir los 90 años promedio y sanos. Pero eso suele no ser verdad. Y la enfermedad aparece como una alarma, un tic tac contra el tiempo. Y como hoy se usan eufemismos para la muerte: irse, partir, viajar, volar alto…, la persona que siente natural temor ante el fin de sus días en esta tierra comienza a vivir una realidad paralela: la de su exterioridad con careta y de su interioridad vulnerable.

A eso se añaden esos inevitables fracasos no asumidos, no confesados, no tratados, que tantas veces hacen sentir rencor, vergüenza o rabia. Todas esas emociones impiden estar alegre y nos convierten en personas hurañas y resentidas que espantan a los demás.

Por último, la falta de vida interior también empuja a la soledad. Es como situarse ante el vacío y preguntar: ¿Hay alguien ahí…, hay alguien en mi interior? Si nos hemos cultivado antes la riqueza de la interioridad, el silencio de nuestra soledad puede ser un puñal.

Algunas actitudes para espantar la soledad:

1. Perder el miedo a sentirse vulnerables: Es muy probable que al mostrarnos ante los demás con todas nuestras debilidades, los demás también se abran ante nosotros. Muchos hijos y cónyuges no le cuentan ni sus asuntos más íntimos al padre o pareja pensando que “ella o él no entendería, porque es de fierro”. Es muy posible que al abrirnos a los otros, ellos también se abran en frente nuestro. Así pasamos del esperar recibir al pasar a dar.

2. Decir los que sentimos, lo que nos pasa: Los seres humanos somos relacionales y el lenguaje nos ayuda a crear las relaciones y establecer los vínculos. En el extremo opuesto a la persona que se queja todo el día, está aquella que no cuenta nada, se calla todo y transmite una sensación de autosuficiencia tal, como si no necesitara a nadie.

3. Cambiar el horizonte de expectativas: No se puede vivir siempre esperando lo que no recibimos de los demás. Si una mujer ha pasado ya 20 años esperando que su marido se vuelva alagador o verbalmente agradecido, sin resultado, es importante que comience a pedirle a él algo que si pueda dar.

4. Buscar a los demás: Por muy sola que pueda sentirse una persona, incluso casada y con hijos, siempre hay algún espacio, algún ámbito, alguna alternativa, para sentirse en compañía de amigos o parientes. Puede ser desde recuperar a las amigas o amigos de la juventud hasta involucrarse en un voluntariado.

5. Entender las relaciones como historias: No se trata de buscar compañía para un momento lleno de efusividad y sentimiento. Las relaciones más hondas y significativas se consolidan con el tiempo. Por eso quien no ha cultivado las profundidad de los vínculos desde antes, tarde o temprano se sentirá solo. Pero nunca es tarde para reparar este error.

Frases de quienes se sienten solos en la familia

1.  “Quiero contar algo, pero a nadie le interesa”.
2. “Me gustaría celebrar algún logro mío en familia, pero no me prestan atención”.
3. “Jamás me felicitan en mi santo ni cumpleaños”.
4. “No digo lo que siento porque daría pena”.
5. “Ya pasó el tiempo de decir lo que sentía, ya no importa”.

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