Escrito por Jorge Velasco / Nº 258 /  28 junio 2018
Cómo lograr familias proactivas

Organizar una casa va mucho más allá de hacer que las cosas funcionen bien. Se trata, más que nada, de una labor que ayuda a definir roles y que incentiva la comprensión, la paciencia y la autosuficiencia en cada uno de los integrantes de una familia. Eso es justamente lo que Ximena Herrera busca mostrar. Su experiencia mientras vivía en el extranjero, con su marido y sus cuatro hijos le enseñó cómo simplificarse la vida, pero dándole sentido.

Casada hace 25 años y madre de cuatro hijos universitarios, la historiadora Ximena Herrera ha pasado parte importante de las últimas décadas entre Santiago y Leipzig, una ciudad germana que se ubica a 170 kilómetros de Berlín y que formó parte de la República Democrática Alemana. Allá vivió desde 2001 hasta 2012, siguiendo a su marido después de ser enviado a ese destino por una empresa multinacional.

Antes de irse, Ximena había trabajado nueve años como académica de historia en el INACAP y, tras retornar a nuestro país, se ha dedicado a la asesoría de imagen, protocolo y a la organización de casas para optimizar la vida familiar. Mudarse y cambiarse de país con cuatro hijos a cuestas no fue tarea sencilla. Por eso, se especializó en lo que ella llama how to: cómo simplificarse la vida, buscando soluciones prácticas y armónicas.

El punto de partida fue la necesidad de vivir bien en un lugar donde no tenía ayuda o red alguna. “Me llamaba profundamente la atención que, en Europa, aparte de los roles 50/50 en una pareja de adultos, se enseña a los niños a que sean autosuficientes y colaborativos, con sentido de equipo dentro de los miembros de una familia”, cuenta. Ese espíritu de colaboración, es lo que ayuda a que un hogar funcione y a que, además, los hijos aporten de manera esencial para que ello ocurra.

Organización familiar

¿Cuál es la primera regla para que una casa esté bien organizada? Muy simple: hacer la cama todos los días. Es lo que el almirante William H. McRaven, ex jefe de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos y que, entre sus méritos, tuvo el de dirigir la operación que terminó con Osama Bin Laden, dijo en un recordado discurso en la Universidad de Texas en 2014. “Si usted hace su cama cada mañana se ha llevado a cabo la primera tarea del día. Se le dará un pequeño sentido de orgullo y que le anime a hacer otra tarea y otra y otra más… Hacer su cama también reforzará el hecho de que pequeñas cosas de la vida son importantes. Si usted no puede hacer las cosas pequeñas, nunca va a hacer las grandes cosas bien”, señaló.

“En mi experiencia -agrega Ximena Herrera- considero que las camas hechas son algo muy importante para un buen día y para enseñar hábitos fundamentales en la vida: cama ordenada, casa ordenada, cabeza ordenada. Y eso queda para siempre”.
Después de este primer paso, Ximena señala que hay que organizar las cosas del hogar de manera óptima y en función de la familia. “Limpiar, ordenar, preparar y restaurar se realizan mejor en áreas ventiladas, luminosas, limpias y fluidas, donde se pueda hacer lo que se debe con lo que se necesita de manera rápida y eficiente”, afirma. Hay que buscar lo cómodo y funcional: cortar papas con un cuchillo desgastado puede ser eterno, tal como dejar ordenada la manguera en un lugar especial puede hacer que regar sea una tarea mucho más agradable que perder tiempo desenrollándola entre el barro, el pasto y las hojas.

Y está, por supuesto, la organización familiar. “Una familia es un cuerpo que, para su óptimo funcionamiento requiere que cada parte se desarrolle de la mejor manera, ojalá con la menor cantidad de traumas posibles, aunque con sus sistemas defensivos y de compensación suavemente probados a lo largo de la vida. Una familia funcional se autorregula, pero también se cuida, se compensa, se limpia y se nutre. Cuando van aumentando los miembros, aunque en principio los problemas ‘operacionales’ parecen a veces nublar el cielo prometido, todos los esfuerzos hechos con rectitud, generosidad y mucho cariño entregan siempre una cosecha abundante”, comenta.

Ximena Herrera es enfática en señalar que cada miembro de la familia tiene distintos roles: padre, hijo, hermano, abuelo, nieto. “Lo que es clave para facilitar una vida familiar sana, es cuidar que estos roles no se desordenen: por ejemplo, un hijo demasiado empoderado como reemplazo del marido y/o del padre no es sano, pero ayudar a la mamá viuda o separada desde su calidad de hijo es distinto. Por eso, cada rol claramente ejecutado o vivido es importantísimo para la vida y salud emocional de cada uno de los miembros”, comenta esta asesora.

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Hijos colaboradores

“Cómo vivo y ejerzo mi rol en la familia ya es de mi cosecha y de lo que pueda dar, según mi formación, mis energías y buen humor”, afirma Ximena Herrera. Y es aquí donde el ser hijo, especialmente cuando se vive con los padres, implica también tener una serie de deberes.

¿Por qué es importante que los niños tengan responsabilidades?
– Porque las responsabilidades, en su justa medida, con cierto grado de dificultad y de elaboración son lo mejor que nos puede pasar a todos en la vida. Ser capaces de resolverlas, cumplirlas o superarlas siempre es garantía de orgullo y de dar pasos adelante. Son la mejor escuela para la autosuficiencia y la autoestima. Nos enseñan en qué consiste el “señorío”, esa manera invisible de explicar que uno maneja las cosas y no es manejado por ellas. Las responsabilidades integran e involucran, te hacen parte de un sistema: “soy de aquí, me toca poner la mesa”. Las responsabilidades integradas a partir de buenos hábitos son una escalera ascendente hacia lo que quizás ni nos imaginamos alcanzar, y una puerta hacia lugares que no sospechamos visitar.

¿Desde qué edad es recomendable que los hijos asuman funciones?
– ¡Desde que son capaces de acordarse dónde dejaron el chupete! Desde esa destreza, el señorío de “saber dónde está mi chupete, mi pelota, mi rompecabezas…”, es posible guiar a los hijos de manera que vayan pasando progresivamente a otra etapa, llevarlos de la mano e ir soltándosela, para que suban gradualmente en una escala de responsabilidades, logren dominar nuevos aspectos y puedan satisfacer otras necesidades, no solo las propias. Que sean capaces de cuidar cosas y administrar funciones, hasta incluso poder adelantarse a situaciones y estar preparados ante ellas.

¿Qué sucede con el concepto de lo femenino-masculino en el caso de las tareas encomendadas a los hijos?
– En una familia donde los hijos han visto que las cosas se hacen con agrado y buena voluntad, en un lugar donde se conocen las bondades de hacer una ensalada o dejar limpio el suelo de la cocina, y que eso lo pueden lograr todos, es donde se va creando una identidad de servicio, de comunidad, de calidad más que de “género”. Es interesante notar que hay tareas que se realizan adentro de la casa y otras afuera y como padres nos conviene estar atentos a que los hijos participen de ambas. ¡No solo que los hombres saquen la basura!

¿Cómo se incentiva su compromiso con todos los miembros de una familia?
– Gradual y recíprocamente, desde el día uno y desde el hijo uno, sin apuros, separando conscientemente lo urgente de lo importante. Hay que comunicar asertivamente lo que nos pasa y, por otra parte, valorar y agradecer cada paso que dan, cada gesto generoso. En lo posible, hay que estar presente para acompañarlos en alguna tarea nueva.

¿Qué hay que cambiar o incentivar en esta materia cuando llega la adolescencia?
– Es importante cambiar esa mirada sin esperanza o despectiva sobre los adolescentes, la que grita que son un desastre. Vale la pena controlar los reclamos y las críticas, porque salen tan fácil y no sirven para nada más que no sea echar a perder los ánimos. Hay que aprovechar una época que puede ser muy rica, porque aparecen intereses, temas y bromas nuevos en la casa y eso hay que incentivarlo porque enriquece. A su vez, hay que conocer y dar a conocer en cuáles temas no se va a retroceder o transar. Conviene mantener a toda costa el sentido del humor, la comunicación y la empatía, sabiendo que los vamos a perder a ratos pero que volverán.

¿Cómo se logra un adolescente proactivo?
– Valorándolo siempre y, al mismo tiempo, poniéndole límites. Hay que valorar, felicitar, agradecer, pedir firme pero amorosamente. Hay momentos buenos y otros pésimos. Todos los tenemos. Creo que tener mucha paciencia es un requisito fundamental. Enseñarles conceptos importantes como que “el suelo no es repisa”, “mucho que agradecer, poco que reclamar” o “por favor déjalo mejor que como lo encontraste”, pero dichos con cariño y, en lo posible, sin sarcasmo. Son conceptos que quedan pegados subliminalmente y, eventualmente, afloran. Pero también debemos saber cerrar la puerta y no mirar por un par de días si es necesario. Tenemos que acordarnos de que es una etapa en que existen distintos grados de cansancio: el crecer y los constantes cambios también cansan.

Repartir las tareas: cuando la relación 50/50 se ve amenazada

¿Es posible repartir las labores del hogar entre un matrimonio en una proporción 50/50? Sí, pero no es para nada sencillo. Cuando los trabajos fuera de la casa son demandantes y estresantes -lo que ocurre habitualmente- esa proporción ideal se resiente. La solución, dice Ximena Herrera, es mantener una buena comunicación, utilizar con cautela el lenguaje (privilegiar el “vamos a…” por sobre el “hay que…”, por ejemplo) y, sobre todo, ser realista con las expectativas.

Pensar creativamente en cómo llegar al 50/50 es necesario, para que llegue a ser un punto de encuentro, donde se construyen acuerdos. Un lugar donde se valore lo que pasa afuera del hogar y también lo que sucede adentro con cada uno de los miembros de la familia. El repartir las funciones va a ser siempre fácil si se comienza desde el cariño y el respeto hacia el otro, manteniendo el buen humor y una visión clara sobre cómo y en qué está cada miembro de la familia”, explica.

Un aspecto clave, antes de formar una familia, está en aquilatar muy bien con quién se va a casar cada persona. “Observar lupa en mano a la familia del otro, en tanto sus costumbres, valores y movimientos es el mejor Waze que cada novia y novio puede tener, dejando además un generoso 10% para las sorpresas y vericuetos de la vida”, afirma Ximena.

¿Existen funciones más femeninas y otras más masculinas en la vida familiar? Las labores prácticas y domésticas no tienen género por sí mismas. “Ambos pueden cocinar o planchar. Las tareas son iguales para todos. Todo se puede hacer de dos maneras: bien o mal, alegre o enojado, de manera más femenina (hasta el último detalle) o más masculina (‘con esto estamos’). Se puede descubrir y gozar una enorme complementariedad y complicidad haciendo las cosas de acuerdo, juntos pero al mismo tiempo desde las cualidades de cada uno”, resume esta asesora de la organización del hogar.

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