Escrito por Jorge Velasco / Nº 258 /  28 June 2018
Conciliación Trabajo-Familia: La necesidad de romper paradigmas

Fomentar la responsabilidad familiar corporativa y la corresponsabilidad entre el hombre y la mujer son dos aspectos que deben impulsarse con fuerza para conciliar trabajo y familia. Por un lado, las empresas tienen que ser flexibles para otorgar beneficios que ayuden a lograr este balance, tomando en consideración la naturaleza de su negocio y quienes trabajan en él. Por otro, el Estado, las empresas y las familias deben incentivar modelos que promuevan la igualdad en las tareas del hogar y en el cuidado de los hijos.

¿Cuál es el trabajo ideal para los chilenos? Aquel que ofrezca un buen sueldo, estabilidad, buen ambiente y manejo de los tiempos, y que permita compatibilizar trabajo y familia. Son los cinco principales atributos que, según un estudio realizado por GfK Adimark en 2017, buscan los chilenos al momento de elegir una fuente laboral.

El quinto de ellos, la armonización entre trabajo y familia, continúa siendo un desafío para la sociedad chilena. “La conciliación consiste en integrar los distintos roles a los cuales pertenecen las personas”, explica María José Bosch, directora del Centro Trabajo y Familia del ESE Business School de la Universidad de Los Andes. De acuerdo con la encuesta de GfK Adimark, los chilenos sienten que el trabajo y la familia se han vuelto más compatibles, aunque aún persiste un cierto nivel de conflicto entre ambos. Si en 2014 el 77% pensaba que había que sacrificar tiempo destinado a la familia para progresar en el trabajo, esta cifra descendió a 69% tres años después.

No obstante, llama la atención que, según el mismo estudio, la compatibilización trabajo-familia solo figura con el 14% de las preferencias, en el décimo puesto al mencionar cuáles son las condiciones presentes realmente en el ámbito laboral en la actualidad. Además, según los encuestados solo el 20% de los trabajos posibilitan esta armonización.

Trabajo Femenino

“La conciliación trabajo y familia no ha evolucionado en los últimos años. Lo que sí ha cambiado mucho es la participación femenina en el trabajo, aunque se mantienen tasas muy bajas. Sin embargo, estas solo van a aumentar”, afirma María José Bosch. En Chile, el trabajo femenino todavía sigue en deuda. Según GfK Adimark, el 69% de hombres de más de 15 años trabaja, pero solo lo hace el 47% de las mujeres.

A pesar de ello, la permanente incorporación de la mujer al mundo laboral está cambiando el mapa de la conciliación trabajo-familia. Cuando el hombre desempeñaba el rol exclusivo de proveedor y la mujer se quedaba en la casa, el manejo del hogar se dividía en que un miembro aportaba los recursos económicos y el otro, la administración. Antes, incluso, en muchos casos una misma residencia la habitaban familias extendidas, con abuelos, primos, más hermanos y, por lo tanto, muchas manos para ayudar.

Pero se trata de un modelo que dista mucho del actual. Las familias hoy son más reducidas. Si en 1982 había 4,4 personas por hogar, el último Censo mostró que esa cifra ha disminuido a 3,1. A su vez, entre 1982 y 2017 los hogares monoparentales subieron de 9,7% a 12,7%, como también la dependencia de adultos mayores, desde 10,3 a 16,6 cada 100 personas entre 15 y 64 años. Y si bien hay menos niños que cuidar (desde 46 en 1982 a 29,3 por cada 100 personas entre 15 y 64 años), la actualidad muestra que cada vez son menos los adultos que no trabajan fuera del hogar y que pueden hacerse cargo de ellos.

“El desafío de conciliación trabajo-familia aumenta, porque tenemos que ponernos de acuerdo cómo nos vamos a cuidar. Podríamos reducir esto a los niños, pero el concepto va mucho más allá y se extiende a las personas dependientes en un hogar”, reflexiona María José Bosch.

trabajo-familia3-258Flexibilización laboral

Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en 1990 la tasa de natalidad era de 2,66 hijos por mujer. Esta cifra descendió a 1,6 hijos en el Censo de 2002 y bajó a 1,3 en el último estudio censal. “Las familias en Chile están eligiendo la trayectoria laboral por sobre la familia. Esto se debe a que no pueden conciliar ambos”, afirma la directora del Centro Trabajo y Familia de la Universidad de Los Andes. “Si valoramos a la familia como el pilar fundamental de la sociedad, entonces la estamos poniendo en juego. La familia es el primer lugar donde habitan las personas y donde desarrollamos las competencias”, agrega Bosch.

Desde 1999, el Centro Internacional Trabajo y Familia (ICWF) del IESE Business School de la Universidad de Navarra realiza el IFREI (IESE Family Responsible Employer Index), para medir la Responsabilidad Familiar Corporativa (RFC) y su impacto en la sociedad, las personas y en las empresas. Este se determina en función de que las políticas, el apoyo del supervisor y la cultura organizativa de las compañías u organizaciones inciden en que el trabajador pueda balancear o no su vida laboral, personal y familiar. A partir de ello, se califica el entorno en cuatro tipologías: A, enriquecedor y que facilita sistemáticamente la conciliación; B, favorable y que la facilita ocasionalmente; C, desfavorable, que la dificulta ocasionalmente; D, contaminante, que la inhibe sistemáticamente.

Durante los años en los cuales se ha aplicado este estudio, en general los entornos laborales en Chile se han mantenido. Entre 2010 y 2016, el A (enriquecedor) ascendió de 9% a 14%, el B (favorable) bajó levemente de 33% a 32%, el C (desfavorable) descendió de 46% a 35%, pero el D (contaminante) subió de 12% a 19%. Hay que destacar que, en síntesis, el 54% de las personas considera que su entorno laboral es desfavorable o contaminante para compatibilizar el trabajo con la familia.
La explicación estaría en que, si bien en las empresas han aumentado los beneficios y políticas para promover esta conciliación, el mayor ingreso de las personas al mercado del trabajo ha tenido como consecuencia que las decisiones sean cada vez más complejas.

En esta materia, las soluciones no son únicas, puesto que hay que buscar la flexibilidad laboral, tomando en consideración lo que es importante para el trabajo y para la familia. Lo que puede funcionar, por ejemplo, para un banco, puede no resultar en un centro comercial o en una empresa minera. “Hay que mirar también a la persona como un todo: es muy distinto si en la empresa trabajan millennials o si son padres o madres. Y lo otro es innovar en la forma de hacer las cosas. ¿Por qué tenemos que estar todos juntos en el mismo lugar y a la misma hora en nuestro lugar de trabajo?”, plantea María José Bosch.

trabajo-familia2-258Fomentar la corresponsabilidad

La integración femenina al trabajo en los últimos años ha implicado también la implementación de políticas que favorecen la maternidad, pero con un costo directo para las mujeres. De hecho, se calcula que cada hijo le cuesta a una mujer un 7% de su sueldo. Hay también costos indirectos. Por ejemplo, el artículo 203 del Código del Trabajo señala que los establecimientos que ocupan veinte o más trabajadoras deberán tener salas anexas e independientes, en donde puedan dar alimento a sus hijos menores de dos años y dejarlos mientras estén en el trabajo. Esto resulta, en consecuencia, en un impuesto al trabajo de la mujer, ya que el 75% de las empresas en Chile tienen menos de 20 mujeres.

A su vez, el postnatal parental de doce semanas que se da a continuación del periodo postnatal femenino, puede ser cedido al hombre, pero solo el 0,1% se lo ha tomado. Algo similar ocurre con el permiso de alimentación del hijo menor de dos años, que se puede traspasar pero que, en la práctica, no se hace.

“En Chile valoramos y protegemos la maternidad. Pero para fomentar la corresponsabilidad hay que valorar también el rol del hombre en el cuidado de los hijos”, afirma María José Bosch. “Muchas políticas y prácticas asumen que la mujer es la encargada del cuidado de personas dependientes, no permitiéndole el uso de estos beneficios al hombre, o penalizándolo si los usa. Este es un cambio cultural que tomará tiempo, pero que será muy provechoso para todos, ya que permitirá el desarrollo de las familias y de las empresas, sin necesidad de tener que elegir entre ellas”, agrega el segundo informe del Global Home Index de 2018, una iniciativa impulsada desde la Home Renaissance Foundation del Reino Unido y en la que participaron 100 países.

Esta realidad corporativa o institucional se traspasa también al interior de los hogares. “La falta de una participación equitativa en horas no laborales entre hombres y mujeres (en Chile, las mujeres dedican 6,6 horas diarias en promedio a labores del hogar y los hombres, solo 3,2), es un problema que también afecta a un adecuado desarrollo familiar, pues sobrecarga a la mujer”, señala el Global Home Index.

La balanza entre hombres y mujeres queda, en la mayoría de los casos, descompensada. De acuerdo con el IFREI 2017, en el mundo las mujeres dedican 24,8 horas por semana exclusivamente a sus hijos, mientras que los hombres les destinan 17,4. En Chile, señala el informe, “para todos los entornos, las mujeres les dedican más tiempo a sus hijos que sus pares hombres. En el entorno A (favorable) les dedican 10 horas más que sus pares hombres, mientras que en el entorno D (contaminante) les destinan cinco horas más”.

Asimismo, en Chile comer con los hijos (una actividad que fomenta el diálogo y la unidad familiar, como también una buena nutrición, entre otros atributos) se da en forma más frecuente en las mujeres. Una mujer del entorno A come aproximadamente seis días con ellos, y una del D lo hace en cinco días. Y si se trata de leer con los niños, las mujeres lo hacen cuatro días a la semana y los hombres, en dos ocasiones.

Otras tareas hogareñas, sin embargo, han comenzado a ser más equitativas. El Global Home Index apunta que hay una tendencia a compartir las tareas tanto de mantenimiento de la vivienda como de dedicación a la vida familiar. Los hombres se están dedicando más a tareas típicamente identificadas con las mujeres como cocinar (un 45,56% declara cocinar siempre y un 25,4%, la mayor parte del tiempo), y preocuparse por el orden y la limpieza del hogar (un 33,96% de los hombres dice hacerlo la mayor parte del tiempo y un 22,6% manifiesta hacerlo siempre, frente a un 32,22% de las mujeres, que declara hacerlo siempre y un 36,11% que refiere llevarlo a cabo la mayor parte de las veces).

A pesar de estos avances, concluye el Global Home Index, “el hombre se siente más inducido a obtener un prestigio profesional mayor y ejercer un rol de proveedor, con el que está menos dispuesto a ceder para dedicarle más tiempo al hogar y a la familia”, mientras que la mujer, ante la disyuntiva trabajo-familia “prefiere mayoritariamente dedicarle el tiempo a su familia, aún en desmedro de su desarrollo profesional”.

El desafío, entonces, está en lograr una mirada más compartida y corresponsable acerca de la conducción del hogar y la crianza de los hijos. Lo que debe haber, en consecuencia, es un cambio cultural del cual se hagan cargo el Estado, las empresas y las familias. E implementar algunas medidas que impliquen que, más allá de ceder derechos, se repartan, como podría ocurrir con la hora de alimentación del lactante.

“Hay que promover una cultura en la que valoremos que el rol del cuidado puede ser de hombres y mujeres. Los dos son importantes y tienen impacto en las personas dependientes. Vamos bien direccionados, pero los cambios todavía van muy lentos. Necesitamos empresas que vean lo útil y lo productivo que es valorar la familia. En diez años más las mismas empresas van a ir a buscar a esos mismos niños que hoy día están en la casa y para los cuales ojalá que sus papás tengan conciliación trabajo-familia, porque les impacta en sus resultados escolares, sus capacidades de liderazgo y comunicación, entre otros atributos”, concluye la directora del Centro Trabajo y Familia de la Universidad de Los Andes.

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