Escrito por María José Lacámara / Nº 258 /  14 junio 2018
Construir familia como equipo

Ser padre o ser madre va mucho mas allá de asumir roles y tareas. Flexibilizar las labores del hogar y trabajar como un equipo es fundamental. Esto cobra aún más sentido cuando nos damos cuenta de que al repartir los distintos quehaceres enseñamos a nuestros hijos el valor de la autonomía y a crecer en empatía.

La mayoría de las veces hablamos de la importancia del rol materno en la crianza de los niños. De la contención emocional, el apego y la conexión que tienen con sus hijos y cómo eso forma su personalidad. De igual modo, durante años el rol del padre se ha visto relegado al trabajo profesional, a traer seguridad, sostén económico y protección familiar. Los hombres se encargaban de ir a trabajar de lunes a viernes y luego a descansar el fin de semana después de una extenuante semana laboral.

Hoy, en cambio, las responsabilidades son compartidas. La figura paterna ha dado un vuelco y nos encontramos con padres más involucrados en las tareas de la casa y más presentes en la crianza de nuestros hijos. Esto causa un gran impacto en toda la familia, sobre todo en nuestros niños, que hoy son observadores de una realidad distinta.

Si bien este cambio es consecuencia de lo que ha ido ocurriendo en el mundo, muchas veces no se da con tanta naturalidad. Se trata más bien de una decisión que podemos tomar como padres, ante la cual debemos tener en cuenta los grandes beneficios que implica el compartir las responsabilidades y tareas de la casa. En mi caso, esta fue una decisión consciente y categórica: decidimos construir una familia con ambas figuras, mamá y papá, presentes en la crianza y también en las tareas de la casa.

Con la certeza de querer entregarles a nuestros niños padres presentes tanto física como emocionalmente, decidimos también acompañarlos en cada una de las rutinas diarias. Una de las decisiones que tomamos es que mi marido llegue temprano en la semana para que esté presente en los momentos de comida, baño, juego y en la hora de acostarse. Al mismo tiempo, yo me comprometí a estar tres tardes a la semana para ir a buscarlos al colegio, hacer las tareas, llevarlos a sus talleres, a la plaza o a casas de amigos. Fuimos repartiendo las responsabilidades conscientes de que teníamos que hacernos cargo cada uno de distintas cosas.

Los niños ganaron enormemente al tenernos presentes e involucrados en su vida diaria, pero por sobretodo pudieron entender que los papás forman parte de un equipo y que estamos siempre ahí para ellos, sin dejar de mencionar lo importante que es reconocer que no existen tareas de “hombres” y “mujeres” sino que cualquiera de los dos puede hacer lo que se necesite. La idea es que todos trabajemos por un bien común: construir la felicidad familiar.

LA IMPORTANCIA DEL EJEMPLO

A medida que los niños ven que los padres están comprometidos con ellos, con la casa o con las distintas labores que genera la vida, ellos comienzan a involucrarse de poquito en las distintas cosas que hay que hacer. Casi de manera natural comienzan a entender que también tienen sus tareas y roles dentro de la familia, y que de ellos también depende el “ser” y “construir” este equipo.

Con este trabajo en conjunto, tanto mamás, papás e hijos descansan: y lo que es aún más importante, confían en que si no está uno, estará el otro. No solo para hacer las distintas tareas del hogar, sino para poder disfrutar de la vida familiar. Si logramos trabajar como familia, sabemos y confiamos que siempre habrá otro dispuesto a tomar un remo y avanzar para llegar a buen puerto. Porque la vida familiar conlleva rutinas y tareas, y mientras estas sean compartidas por todos, no se tornan una carga sino en un núcleo cargado de valores que pasan a ser lo que define cada familia.

EL MEJOR DE LOS EQUIPOS

La decisión de construir la familia que soñamos es un ejercicio consciente y constante que involucra tomar decisiones y sostenerlas. Cuando me hago cargo de mis hijos y de todas las tareas que esto implica, decido directamente estar involucrado. Sin duda, en nuestros roles de padre o madre cada uno irá aportando de distinta manera a la vida familiar. Habrá papás que entregarán lo lúdico, lo mágico, el deporte o la perseverancia. Mientras habrá mamás que entreguen la contención, el abrazo o la empatía. Sin embargo, soy una convencida de que esto no es estático ni rígido. Ya no vivimos en una mundo de roles estereotipados: somos una suma de individualidades que le da mayor fuerza a este equipo que construimos.

El poder decidir como equipo qué es lo que sueño como familia, construirá hijos comprometidos con esta causa, dispuestos a asumir las tareas y con la certeza de que cada uno aporta en algo, lo que entrega felicidad y descanso a los otros. En esta campaña, nuestros niños se vuelven cada día más autónomos y capaces.

¡Hagamos de nuestra familia un equipo! Los invito a hacer de su familia algo único e irrepetible, en donde los roles no se rigidizan sino que se flexibilizan en favor de los demás. Los desafío a decidir cómo hacemos equipo y cuál será el aporte de cada uno para su crecimiento. Resuelvan qué es lo importante, cómo involucrarse y qué es lo que cada uno puede aportar para construir esa familia que siempre soñaron.

maria-jose-lacamara-258QUIÉN ES
María José Lacámara es psicóloga clínica de la U. Andes. Especialista en terapia breve por el Mental Research Institute de Palo Alto, Estados Unidos y supervisora clínica en terapia estrategica breve, formada por el Centro Mip, Santiago. Cursó estudios en trastornos alimentarios en JF Kennedy University, California. Hoy atiende en su consulta particular mayoritariamente a adolescentes y sus padres. Creo su pagina web donde entrega distintas herramientas a través de sus columnas mensuales www.joselacamara.com.

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