Escrito por Ximena Greene / Nº 260 /  20 August 2018
10 pasos para criar niños felices

Cuando nos preguntan como padres qué queremos para nuestros hijos, ¿cuál es la respuesta más común? ¡Además de que sean sanos, queremos que sean felices!. Sin embargo, muchas veces es difícil equilibrar lo que es mejor para los niños con lo que los hace feliz.

“El bienestar de los niños es más importante para los adultos que cualquier otra cosa”. Así lo señala el libro Raising Happiness: 10 simple steps for more joyful kids and happier parents (El aprendizaje de la felicidad: 10 pasos para fomentar la felicidad en los niños y en sus padres), de la socióloga Christine Carter Ph.D., colaboradora del centro Greater Good Science de la Universidad de Berkeley en Estados Unidos, un proyecto interdisciplinar que pone al alcance del público los descubrimientos científicos en torno a la resiliencia y la inteligencia emocional.

A través de una amplia gama de estudios científicos, Carter elaboró una lista de 10 pasos en los que demuestra que la felicidad es un comportamiento aprendido. Un músculo que podemos ayudar a que nuestros hijos a construyan y mantengan.
“La felicidad es una gran ventaja en un mundo que destaca solo los logros o el rendimiento. En promedio, las personas felices son más exitosas que las infelices tanto en el trabajo como en el amor. Reciben mejores evaluaciones de desempeño, tienen trabajos más prestigiosos y ganan sueldos más altos. Es más probable que se casen, y una vez que están casados, están más satisfechos con su matrimonio”, escribe.

Entonces, si revisamos la evidencia científica, ¿qué es lo que realmente funciona cuando se trata de criar niños felices?

1) Sé feliz
El primer paso para tener niños felices es que los padres también lo sean. Tú felicidad afecta dramáticamente qué tan felices y exitosos son tus hijos.

De acuerdo a la autora, investigaciones recientes ha logrado establecer un vínculo sustancial entre las madres que se sienten deprimidas y los “resultados negativos” en sus hijos, como la forma en que se comportan y otros problemas de conducta. “La depresión parental en realidad parece causar problemas de conducta en los niños y también hace que nuestra crianza sea menos efectiva”, escribe Carter.

2) Enséñales a relacionarse
Nadie niega que aprender sobre las relaciones es importante, pero ¿cuántos padres dedican tiempo a enseñarles a los niños cómo relacionarse con los demás?

Una idea es animar a tus hijos a realizar pequeños actos de bondad para generar empatía.

La empatía es una cualidad que tiene la capacidad de transformar vidas y ayuda a generar un cambio social positivo en las escuelas y comunidades de todo el mundo. En psicología, actualmente hay dos enfoques comunes para describir este rasgo: la respuesta emocional compartida y la empatía cognitiva.

La respuesta emocional compartida, o empatía afectiva, ocurre cuando una persona comparte las emociones de otra persona. La empatía cognitiva, en cambio, ocurre cuando una persona es capaz de imaginarse a sí misma en la situación de otra. Esto no solo construye habilidades esenciales y hace que sus hijos sean mejores personas, la investigación muestra que a largo plazo los hace más felices.

3) Espera esfuerzo, no perfección.
“La investigación en este punto es muy consistente. Los padres que ponen demasiado énfasis en los logros tienen más probabilidades de tener hijos con altos niveles de depresión, ansiedad y abuso de sustancias en comparación con otros niños”, explica Carter. El perfeccionismo impide a los niños arriesgarse y asumir retos, los impulsa a ocultar los errores cometidos y a evitar las críticas constructivas.

4) Expresa optimismo
La evidencia señala que la forma en cómo vemos el mundo se aprende a temprana edad a través de las actitudes de quienes nos rodean. Como describimos anteriormente, un padre deprimido y negativo puede influir fácilmente en que los niños interpreten los eventos de una manera negativa. Los hallazgos de la Terapia Cognitiva muestran que los padres que mantienen una actitud optimista impactan directamente en la reacción emocional que tienen sus hijos frente a distintas experiencias.
Al mismo tiempo, la autora señala que existen estudios científicos que demuestran que a los niños a quienes se les enseña cómo pensar e interpretar el mundo de manera optimista son menos propensos a la depresión cuando llegan a la pubertad.

christine-carter-260 5) Enseña inteligencia emocional
Los niños gritan cuando están enojados o lloran cuando están tristes. Incluso pueden desesperarse y hacer pataletas cuando no están seguros qué sentir. Mientras que los adultos podemos llamar a un amigo cuando las cosas se ponen difíciles, los niños son un poco más primitivos. Déjalos desahogarse a su manera y luego ofréceles tu ayuda.
“La inteligencia emocional es una habilidad, no un rasgo innato. Pensar que los niños entenderán “naturalmente” sus propias emociones y las de los demás, es una fantasía”, señala la autora. El primer paso es enseñarles a identificar lo que está sintiendo. Luego empatiza con ellos y hazles saber que esos sentimientos están bien.
Soportar una pataleta pública puede parecer agotador en el momento, pero es mejor que una vida de internalización de emociones negativas que podría llevar a los niños a trastornos de alimentación, depresión u otros problemas emocionales.

6) Vive la felicidad como un hábito
“Hoy la felicidad puede parecer un estado mental difícil de alcanzar. Sin embargo, cualquiera puede cultivar una actitud feliz y conservarla por el resto de su vida. Solo basta con transformarla en un constante”, escribe Carter. Y es que para esta investigadora los hábitos son la arquitectura invisible de nuestras vidas. De hecho, los estudios han demostrado que aproximadamente el 40 al 45% de lo que hacemos todos los días es un hábito, algo que hacemos por defecto.

Pero desarrollar buen hábito, o romper uno malo, no es fácil. Para ello Carter entrega tres simples consejos.
1. Elimina los estímulos, las distracciones y las tentaciones.
2. Establece objetivos concretos pero fáciles de lograr. Demasiada presión angustia a los niños. Consolida un primero antes de agregar otro. La clave es no pensar en grandes cambios, sino en pequeños.
3. ¡No aflojes! Mantente firme y no esperes la perfección de inmediato. Algunos estudios señalan que los adultos nos demoramos hasta 66 días en internalizar un nuevo hábito, para los niños puede ser incluso más.

7) Enseña autodisciplina
“La autodisciplina en los niños es más predictiva del éxito futuro que la inteligencia”, señala la experta. Esto porque el autocontrol facilita el aprendizaje y el procesamiento de la información. Estos niños soportan mejor la frustración y el estrés y tienden a tener un mayor sentido de responsabilidad social. En otras palabras, este rasgo no solo conduce al éxito escolar y a sentarse bien en la mesa, sino también a una mayor felicidad, más amigos y una mayor participación social.

8) Déjalos jugar
En la actualidad existe mucha literatura sobre mindfulness y meditación, y ambos son bastante poderosos, sin embargo, hacer que los niños los practiquen regularmente no es solo desafiante sino frustrante.
La mayoría de los niños ya practica la atención plena disfrutando del momento presente cuando juegan. Sin embargo, hoy los niños pasan menos tiempo jugando.  En total, en las últimas dos décadas, los niños han perdido ocho horas semanales de juego libre, no estructurado y espontáneo… y este tiempo es esencial para ayudar a los niños a crecer y aprender.
“Los investigadores creen que esta disminución en el tiempo de juego no estructurado es en parte responsable de desacelerar el desarrollo cognitivo y emocional de los niños. Además de ayudarlos a aprender y a autorregularse, el juego no estructurado promueve el desarrollo intelectual, físico y social y bienestar emocional. Los ayuda a aprender a trabajar en equipo, a compartir, a negociar, a resolver conflictos, a regular sus emociones y comportamientos y a defenderse por sí mismos”, señala la autora

9) Crea entornos felices
Los niños desordenan. Les dices que no salten en el sofá una y otra vez, pero lo hacen igual. Y después lloran. Porque la infancia se basa principalmente en el ensayo y error, y en ocasiones los niños solo necesitan experimentar para aprender.
Cuando los niños saben que sus padres los quieren y los apoyan, pase lo que pase, es más probable que tomen riesgos saludables y sean más seguros en sus decisiones. Solo así aprenderán que, a veces, las personas cometen errores, pero siempre existe la posibilidad de corregirlos.
Al mismo tiempo, los niños son intuitivos. Incluso los más chicos pueden ver cuándo los padres responden en piloto automático. Cuando los niños sienten que sus padres realmente los escuchan se sienten más conectados. Esto aumenta su autoconfianza y su felicidad general. Escuchar cuando tus hijos te hablan es la mejor manera de construir una relación abierta y honesta.

10) Comer juntos
Según explica la autora del libro, estudios recientes demuestran que los niños que comen regularmente con sus familias son más estables emocionalmente y menos propensos a abusar de las drogas y el alcohol. Al mismo tiempo, obtienen mejores notas y tienen menos síntomas depresivos, particularmente las adolescentes. Por último, las comidas familiares incluso son una forma de evitar trastornos alimentarios como la obesidad o la anorexia.
“A veces, todo lo que ciencia hace es validar esas cosas que nuestros abuelos sabían desde el principio. Sí, comer todos juntos en familia es importante. Esta simple tradición ayuda a moldear niños mejores y los hace más felices también”, concluye.

 

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