Escrito por María Ester Roblero C. / Nº 260 /  20 agosto 2018
Las peleas por plata: Típicas, pero terribles

Un matrimonio con años de experiencia dando cursos y charlas para novios cuenta que cuando mencionan el tema del dinero sus “pupilos” habitualmente les dicen: “Tenemos muy hablado eso; pagamos todo a medias”. Se sonríen entonces, pero las discusiones por plata no surgen tanto por el cuánto se gasta, como por el por qué, el cuándo, el quién…

Muchos de los consejos para solucionar las discusiones matrimoniales por plata apuntan a lo numérico y sugieren casi siempre un cliché: hacer presupuesto familiar. Pero el fondo del conflicto tiene más que ver con el proyecto de vida, las emociones y los impulsos, explica Carl Richards, un autor de best sellers sobre el tema -The Behavior Gap y The One-Page Financial Plan-, quien tiene una columna habitual en The New York Times. En ésta casi siempre habla de su esposa, asociando temas de la gran economía mundial con la familia, por lo que resultan entretenidas, útiles y divertidas, ya que la economista es ella.

Según Carl Richards, es tan ridículo intentar solucionar los conflictos por dinero diciendo “gasta menos, ahorra más”, como recomendar adelgazar con la frase “come menos, haz más ejercicio”. En cambio, propone a las familias, concretamente a las parejas, algunos desafíos para ponerse de acuerdo finalmente en cómo enfrentar el “concepto” dinero:

1. Pregúntense cada uno, pero en una conversación amorosa, “qué significa la plata para mí”:
Existe una estrecha relación, dice Carl Richards, entre “decisiones de plata” y “decisiones de vida”. (Salvo que nunca decidas y para eso debes pasar al desafío número dos primero). Pero si “aún” tienes algo de control de tu voluntad para decidir cuándo usar la tarjeta, puedes preguntarte: “¿El dinero significa seguridad? ¿Oportunidad? ¿Libertad? ¿Algo más? Una vez que tengas esa respuesta sigue excavando. Desea obtener una visión de cuáles son tus verdaderos objetivos junto con una idea de tus plazos, tolerancia al riesgo y qué tipo de cambios estás dispuesto a hacer para lograr esos objetivos”, dice.
Es importante tener esta conversación en conjunto con la pareja, porque si para uno el dinero es seguridad y eso lo lleva a ahorrar y guardar a como de lugar para la jubilación, probablemente entre en conflictos con el otro, si éste asocia el dinero con libertad y quiere tener unas ricas vacaciones anuales y máquinas que le faciliten el trabajo del hogar para gozar de más tiempo libre.
Muchas parejas discuten por dinero sin darse cuenta que, detrás de ese altercado, hay temores profundos como pueden ser el miedo a la vejez o el miedo a no vivir a fondo.

2. Los sentimientos del otro: la mejor inversión:
En una de sus columnas de este año en el The New York Times, Carl Richards se refiere al arte de ponerse de acuerdo en los gastos como una ecuación en que además de considerar números hay que considerar sentimientos. Esos sentimientos pueden ser distintos para cada uno en la pareja, pero es importante validarlos y llegar a un equilibro. En ese sentido, es importante -aunque suene trillado- ver en el dinero un medio y no un fin.
“Digamos que hemos decidido, por ejemplo, que es hora de viajar en familia. Ahorramos dinero y el viaje encaja perfectamente con nuestros planes. Cuando llegue la hora de utilizar ese dinero, no hay necesidad de sentirse culpable. En vez de eso, estamos usando una herramienta que nos ayuda a obtener algo que valoramos: tiempo con nuestra familia”, escribe.
“Mi experiencia sugiere que este pequeño cambio transforma nuestra forma de sentir y hablar de los gastos. Desde luego, el cambio no nos da permiso de tirar por la borda el presupuesto ni de ignorar nuestros planes. Sin embargo, delimita claramente las emociones negativas que nos han enseñado a sentir en torno a gastar dinero. No nos sentimos mal cuando utilizamos un martillo para clavar un clavo. No debemos sentirnos mal cuando utilizamos dinero para cumplir nuestros planes y metas”, enfatiza.

3. Estrategias para cuidar el presupuesto familiar:
Si una pareja ya sabe qué conceptos importantes hay para cada uno detrás del dinero -como seguridad o libertad– y ha validado los sentimientos de cada uno asociándolos a inversiones importantes de hacer, llegó la hora de hacer un presupuesto y cuidarlo. Carl Richards entra en la “cancha chica” y da valiosos consejos:

• ¿Quieres gastar menos? Espera 72 horas antes de comprar: Según este autor el mejor invento del mundo es el “carrito de compras de Amazon”, que después se replicó en todos los sitios web que venden algo. Puedes meter allí todo lo que desees y… dejarlo tres días en espera. Lo más probable es que cuando vuelvas a revisar el carrito descubras que hay muchas cosas que ya no deseas ni necesitas.

• Control de aduana, en la puerta de tu casa: “Mi esposa y yo estamos armando una estación de control de aduanas en nuestra entrada. No, no estamos comenzando un aeropuerto internacional. Y no es para registrar a extraños o invitados con regalos. Es para nosotros y nuestras cosas. A partir de ahora, antes de que ingrese algo nuevo en la casa, los compradores residentes (nosotros) deberán responder una serie de preguntas. ¿Cuánto costó? ¿Estás reemplazando algo que ya tienes? ¿Por qué crees que es increíble? Y si es comida, ¿estás seguro de que la comerás?”

• Automatiza los pagos de cuentas a principio de mes: Se puede usar la tecnología hoy para ser más responsable y prudente. Si programas los pagos de cuentas a principio de mes, incluida la tarjeta de crédito y las deudas, “automáticamente” habrás incorporado orden a tus finanzas. Con este gesto tan simple, ya al día cinco sabrás cuánto queda de verdad para gastar o ahorrar. También es clave que este hábito sea compartido.

• Identifica lo que no tiene precio: Muchas veces tenemos que pagar a otras personas para que nos reemplacen en tareas que no podemos realizar: por ejemplo, el transporte escolar. Y a eso se suma la lavandería, la comida preparada, y otros servicios domésticos. Pero, aclara Richards, no todo se puede “tercerizar” sin dañar a la familia. Es el minuto de identificar lo que no tiene precio: contar un cuento a los niños por la noche, llegar al día sábado por la mañana sin un agotamiento extremo… En este tercer consejo sobre “cuidar el presupuesto de a dos” este autor se refiere directamente a evaluar cuánto estamos dispuestos a sacrificar en dinero (ganar menos) con tal de proteger tiempos y espacios personales.

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