Escrito por María de los Ángeles Saavedra / Nº 260 /  20 August 2018
Ponerse en los zapatos de otro

Centrarse en los propios sentimientos y emociones para desarrollar la empatía y compasión, son ejercicios que se ven cada día más dentro de las aulas. Aquí descubriremos cómo educar estas cualidades que hoy se perfilan como necesarias para criar niños bondadosos y exitosos.

Esta es una edad llena de desafíos: los niños dejan la comodidad del preescolar para entrar de lleno en la rutina de los niños grandes, muchas veces con una jornada completa, asignaturas definidas y más presión por triunfar académicamente. ¿Qué pasaría si dejáramos de enfocarnos solo en el éxito académico de nuestros hijos y pensáramos en su desarrollo emocional? ¿Cuál es la importancia de la empatía y la compasión en nuestros niños y su desarrollo? ¿Qué pasaría si estas virtudes se pudieran educar en la sala de clases, así como se hace con Lenguaje o Ciencias?

Estudios recientes demuestran que el éxito en general está determinado más por la inteligencia emocional, que el coeficiente intelectual. Aprender habilidades sociales y emocionales son un factor clave para alcanzar un estado de bienestar general consigo mismo y el entorno, lo cual resulta determinante para triunfar en sociedad, en el trabajo y con los pares.

De acuerdo a Claudio Araya, doctor en Psicología y académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, la evidencia científica más reciente asegura que las conductas pro sociales, tales como la empatía y la compasión, están presentes en niños -e incluso en otros mamíferos -a temprana edad. “Esto quiere decir que todos tenemos las semillas de bondad y lo que hace la diferencia es lo que nosotros como educadores, padres o cuidadores decidimos cultivar en los niños. En ese contexto el rol de los adultos significativos es fundamental, siendo claves los contextos de amabilidad y apoyo, no de competencia”, señala.

Con esto en mente, un grupo de científicos de Estados Unidos, liderados por Richard J. Davidson, han dedicado años al estudio de la llamada Mindfulness: un estado mental de conciencia y conocimiento de las emociones. Para lograrlo, en el año 2008 crearon el Currículum de la Amabilidad (Kindness Curriculum), un programa para ayudar a niños entre cuatro y seis años a aprender cómo ser conscientes de sí mismos y de su entorno con el fin de regular mejor sus emociones y su capacidad de poner atención. Esto lo logran por medio del ABC: Attention, Breath, Caring (o Atención, Respiración, Cuidado, por sus siglas en inglés).

En el programa se les enseña a mejorar sus conductas sociales y emocionales, dentro de las que destaca la empatía. Como resultado, los alumnos han mejorado en las evaluaciones académicas en comparación a los niños que no participaron de este.
Lisa Flook, investigadora principal del Kindness Curriculum, cree que cultivar estas cualidades desde pequeños, es una oportunidad para equipar a los niños con habilidades que podrán ayudarlos a manejar el estrés en el futuro. Por su parte, Claudio Araya, asegura que la empatía y la bondad son aspectos críticos para el desarrollo. “Hay investigaciones demuestran que la empatía y compasión, que muchas veces se llaman variables socioemocionales, son centrales para el bienestar y también para el aprendizaje porque están en la base de las relaciones y vínculos”, agrega.

“En mi opinión, la compasión y la empatía generan felicidad. Esto se debe a que cultivar relaciones bondadosas y amables hace que te sientas bien y que tu alrededor también se sienta bien. Muchas veces ponemos la felicidad como objetivo, y por paradójico que parezca, mientras más uno trata, más difícil es. Entonces al cultivar la empatía y compasión, el bienestar viene como un efecto natural”, complementa el académico.

3 CLAVES PARA CRIAR HIJOS EMPÁTICOS

1) Estar presentes: Estar disponibles para los hijos, acompañarlos en sus vivencias, generar espacios de juego y de calidad. Entender la experiencia de los niños y estar ahí para lo que les pase, sin juicios.

2) Ser ejemplo: Los padres somos una guía para nuestros hijos, por lo que es vital no predicarles lo que nosotros no hacemos.

3) Regular las emociones: Para esto es importante que nosotros mismos estemos regulados emocionalmente. En situaciones como pataletas, podemos dar el ejemplo de tranquilidad y serenidad, buscando resolver los problemas. Así, podremos regular juntos las emociones en el diálogo y en las dificultades que puedan aparecer.

¿Cómo se aplica en colegios alrededor del mundo?

Según explica Araya, es importante generar las condiciones para desarrollar personas más empáticas y compasivas, quienes incluso tienen menos síntomas psicológicos de malestar, y les va mejor en la vida, en el trabajo y en el colegio.
Así, existen diferentes ejemplos de cómo se educan estas conductas alrededor del mundo:

• Dinamarca: El camino hacia la felicidad
Dicen que Dinamarca es el país más feliz del mundo y muchos atribuyen su éxito a lo que pasa dentro de las aulas. Las autoras Jessica Alexander y Iben Sandahl, en su libro Cómo criar niños felices, aseguran que esto se debe a que en los colegios dedican una hora semanal a compartir entre compañeros y resolver conflictos para crear una cultura abierta y comprensiva dentro de la sala de clases. La finalidad: dedicar una hora a la semana para que niños de seis a 16 años se pongan en el lugar de los demás.

• Canadá: Raíces de la empatía
Con niños en un círculo y una guagua en el centro, es como la canadiense Mary Gordon ha optado por enseñar sobre la empatía. Esta canadiense desarrolló un programa llamado Roots of Empathy, que se aplica en colegios y busca construir una ciudadanía responsable por medio del aumento de los niveles de empatía en que resulten en relaciones más amables y cariñosas y que, como consecuencia, disminuyan los casos de bullying y agresión en los colegios. De esta forma, el programa busca que los alumnos sepan identificar el origen y las razones de las emociones de la guagua que los visita, tratando de ponerse en su lugar.

• Chile: Un caso de estudio
Por su parte, el académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, asegura que Chile no está ajeno a estas prácticas. Es más, junto a otros investigadores llevaron a cabo un estudio de Mindfulness y compasión en un colegio ubicado en la comuna de Renca donde, a través de diferentes actividades se les enseñó a poner estas actitudes en práctica a niños de cuarto básico. “En estas sesiones de una hora se hacen juegos, se les enseña a respirar, prácticas de agradecimiento, y estar presentes, entre otros. Hoy estamos en la etapa de análisis de resultados de este estudio”, afirma.

BENEFICIOS DEL MINDFULNESS

La evidencia científica asegura que la práctica del Mindfulness tiene beneficios desde temprana edad, entre los que están la regulación emocional, permitiendo a los niños reconocer qué les pasa y como enfrentar esa situación. La adaptabilidad, con la que se pueden cambiar conductas para adecuarse al contexto y la compasión, al estar en contacto con nuestras emociones, los ayuda a entender lo que le pasa a los demás.

¿Cómo aplicarla a nuestra vida?

1) Encontrar un lugar de calma: Escoger un lugar y momento en el día para hacer una pausa y sentir el silencio y la calma para poder tomar conciencia de lo que nos rodea.

2) Poner atención a lo que pasa dentro y fuera de nosotros: Ser conscientes de nuestro entorno y de cómo nos enfrentamos a él abriendo nuestros sentidos a los sonidos, sabores, sensaciones y emociones.

3) Enfocarse en la respiración: Este es un ejercicio que podemos practicar con nuestros niños. Una buena idea es acostarlos en el suelo y mostrarles cómo sube y baja su pecho. Esto los ayudará a calmarse.

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