Nº 262 /  25 septiembre 2018
Padres e Internet: Mentores digitales

¿Cómo saber cuál es la cibervida que llevan tus hijos? ¿Cuál es su comportamiento en las redes sociales? ¿A qué riesgos se enfrentan en Internet? Álvaro Carrasco, director ejecutivo de la empresa Brave Up, propone posicionar a los padres como líderes que les abren las puertas de la tecnología a sus hijos y los orientan para que se comporten adecuadamente en la web.

Brave Up comenzó hace tres años como una aplicación para teléfonos celulares que buscaba mejorar la comunicación en la comunidad escolar y ayudar a evitar el bullying entre los alumnos de los establecimientos educacionales. Pero a poco andar sus desarrolladores se dieron cuenta del potencial que tenía esta app. Podía ser una herramienta muy útil para recopilar datos del comportamiento web de los niños y jóvenes, entregar información a sus padres y profesores, comprender mejor los fenómenos sociales que se daban en los colegios y ser, en definitiva, un catalizador para ofrecer una serie de servicios adicionales.

La compañía empezó a ofrecer charlas y orientaciones a alumnos, apoderados, educadores y directivos de los colegios sobre uso responsable de Internet, ciber bullying, redes sociales y otros temas. “Nos metimos en la sala de clases a hablar con los estudiantes, desde 4º Básico hasta IV Medio. Y nos dimos cuenta de que, si bien el bullying físico existía, el ciber bullying era muy potente y, en general, los adultos sabían muy poco o nada sobre él”, afirma Álvaro Carrasco, director ejecutivo de Brave Up.
Como parte de sus servicios, Brave Up se dedica a realizar encuestas a los estudiantes a través de la aplicación, para saber más sobre sus usos y costumbres en Internet. Utiliza la información recopilada para lograr que los adultos responsables conozcan mejor a las nuevas generaciones. Y en muchas ocasiones el impacto es alto. “Los papás deben saber que la plaza a la que iban las generaciones de antaño ahora está en Internet y se llama Instagram, Fortnite (el juego en línea más usado en la actualidad) y Whatsapp”, afirma Carrasco.

Hoy toda una ciber realidad que los apoderados ignoran. Los padres piensan que sus hijos navegan por Facebook, pero en realidad este es un territorio pasado de moda para aquellos nacidos después del cambio de milenio. Según estudios elaborados por Brave Up, ya desde 5º Básico la mayoría utiliza Whatsapp y más de la mitad emplea Instagram. Además, fenómenos como el ciber bullying y el sexting (enviar mensajes o fotos propias con connotación sexual) se dan con fuerza entre los 10 y 14 años, cuando los niños y jóvenes poseen por primera vez un teléfono celular y están en un proceso de conocerse y aprender sus límites.

brave-upBrave Up

“Brave Up es una organización con impacto social, que busca mejorar el clima y la convivencia dentro de los colegios”, afirma Álvaro Carrasco, su director ejecutivo. Su principal herramienta es una aplicación para teléfonos móviles, que permite comunicarse a los distintos integrantes de la comunidad educacional: directivos, profesores, alumnos y apoderados.

La empresa nació en 2014 con el diseño de los primeros pilotos, gracias al apoyo financiero de la OEA y, posteriormente, del BID. A partir de 2015, la plataforma de Brave Up tomó forma más definitiva como una herramienta que trabaja el bullying en los colegios. Fue más allá de víctimas y victimarios, al incorporar a los otros niños que eran testigos.

La clave estuvo en incluir en la app, un buzón virtual para realizar denuncias en formato 24/7. La aplicación tiene un botón llamado Modo Brave Up, que es un buzón on-line que permite a un alumno, como víctima o testigo de algún hecho riesgoso, enviar un mensaje a las autoridades del colegio, tanto de manera anónima como con sus datos (colegio, curso, nombre).

La aplicación desempeña un papel esencial para la actualización tecnológica de los padres. A través de ella, Brave Up publica informaciones útiles y noticias que les permiten estar al tanto de las últimas tendencias en apps, redes sociales, juegos en línea e Internet en general. A su vez, el colegio publica novedades de sus actividades cotidianas. Por otra parte, para los alumnos y educadores -quienes se inscriben, pero con otros perfiles – se elaboran y difunden otro tipo de contenidos.

Educación Virtual

¿Cómo acortar esta brecha tecnológica entre adultos y niños/jóvenes? “Transformando a los padres en mentores digitales”, es lo que afirman en Brave Up. Hoy los progenitores ya no solo deben enseñarles a sus hijos a caminar, comer o no hablar con desconocidos, por nombrar algunos ejemplos. También deben mostrarles cómo relacionarse con su entorno a través de Internet. “Deben educar a esta generación acerca de que la violencia que se produce en la red afecta en la vida real. Todos los comentarios, memes o lo que se haya compartido alguna vez puede hacer daño”, afirma Álvaro Carrasco.

¿Cuál es el comienzo de una relación más peligrosa entre los niños e Internet?
– La entrega del celular sin acompañamiento familiar. Nosotros somos partidarios de generar acuerdos comunes. Entre 3º y 5º Básico, los padres les dan celulares a los niños. Al comienzo son pocos, pero con el transcurso del tiempo aumentan y pasa que, de repente, aquellos que no tienen son minoría y empieza el aislamiento y el bullying. Cuando hay grandes números, es posible la convivencia, pero cuando quedan tres, dos o un niño sin celular en un curso, no tiene forma de sociabilizar. No entiende los chistes o no le comparten las tareas. Todo está pasando en el mundo digital y ese niño o niña se queda afuera. Por eso, nosotros les decimos a los padres que este tema debe ser conversado como curso y tomar acuerdos.

¿En qué aspectos deben actualizarse los padres para estar al día con lo que ven y hacen sus hijos por Internet?
– Primero, quiénes son los youtubers de moda, que son aquellos que graban y publican videos por YouTube. Deben saber también cuáles son los juegos en línea y los sistemas de mensajería que están utilizando sus hijos, como Whatsapp y Discord, un servicio de chat y voz para gamers. Finalmente, tienen que estar atentos a lo que pasa en las redes sociales, especialmente en Instagram y Snapchat, sobre todo porque permiten enviar imágenes que se eliminan al poco tiempo y no dejan rastro para los padres.

¿Cómo puede aprender un apoderado a estar actualizado en lo que pasa en el mundo digital?
– Haciendo. Se trata de sentarse a jugar Fortnite con su hijo, hacerse un perfil en Instagram y agregar a su niño y empezar a compartir. Ver a Germán Garmendia (uno de los principales youtubers) y aburrirse de mirarlo. Es, en definitiva, estar en el espacio donde sus hijos están. Si no conocen Internet, no pueden proteger a sus hijos. Es lo mismo que sucedía antes, pero de otra manera. La plaza, los partidos de tenis o de fútbol donde los padres compartían con sus hijos, hoy son Fortnite, Instagram o Musical.ly.

¿Existe la posibilidad de que los papás se estén invalidando tecnológicamente ante sus hijos?
– Sí. A veces los mismos padres se invalidan cuando dicen que no saben nada de tecnología o le piden a sus hijos que los ayuden a bajar una aplicación. Debe ser al revés: yo sé y te ayudo a ti, hijo. Pero es válido que, después de haber hecho todo un camino en que ayudan tecnológicamente a sus hijos desde chicos, le puedan pedir ayuda en algún momento.

Acuerdos Comunes

Evitar problemas como el ciber bullying u otros malos usos de Internet es posible, en buena parte, a partir de que los padres se transformen en los mentores digitales de sus niños. Para ello existen varias instancias. Por ejemplo, si un progenitor quiere regalarle un teléfono celular a su hijo, lo mejor es que sea el suyo, puesto que está configurado de una forma que entiende cómo funciona. “Como va a ser el primer acercamiento de su hijo a esta tecnología, no va a saber hacer nada con ella. Uno cree que es experto, pero no es así. Entonces, el papá le enseña y el niño, desde su mundo, ve que sabe de tecnología”, explica Álvaro Carrasco.

En cuanto a las redes sociales, agrega el director ejecutivo de Brave Up, debe haber un enfoque similar al de la vida off-line. “Hay que darse cuenta de que a nuestros hijos no los dejamos hablar con cualquier persona y estar en cualquier lado sin supervisión. El concepto es el mismo. Por eso, el ingreso a las redes sociales debería venir desde los padres, para que ellos tengan un control sobre ese mundo social que se está abriendo”, comenta.

¿Cómo se hace ese proceso de integración tecnológica padres-hijos?
– Por ejemplo, cuando un hijo/hija diga que quiere tener Instagram, contestarle que primero hay que llegar a algunos acuerdos anteriores, como tener un perfil privado, aceptar y seguir a los padres, y que cada cierto tiempo se van a juntar para ver quiénes son sus seguidores y analizar si es que los conoce realmente, dándole a entender que hay gente que le puede hacer daño.

¿Se trata de poner reglas?
– Hay que marcar la cancha. Llegar a acuerdos comunes, no poner reglas. No se puede reglar la tecnología o una red social. Porque, ¿qué podría hacer el niño? Confeccionar un perfil para que lo vean los papás y otro distinto para los amigos. Por eso, hay que llegar a acuerdos comunes, de manera que para ellos estar acompañados sea algo normal.
A su vez, hay que hacerles entender que ingresar a las redes sociales es una responsabilidad, que lo que se hace ahí tiene consecuencias. Eso es algo que, en realidad, ellos no captan al comienzo. Los adultos creemos que los niños saben de Internet, pero en realidad no saben nada. No son capaces de adjuntar un archivo en un mail y enviarlo. Lo único que saben hacer los niños al principio es meterse a una red social (donde deben poner una dirección de e-mail que no saben usar), mandarse whatsapps y ver videos en YouTube.

¿Es recomendables ponerles ciertas barreras de acceso a la tecnología?
– Es parte de los acuerdos comunes. Pero con el tiempo, cuando los hijos crezcan, es probable que deban reajustarse. ¿Tendrán cuenta propia de iCloud (la nube de Apple)? ¿Cuánto tiempo al día podrán jugar Fornite? El tema es que hay que realizar estos acuerdos comunes desde el principio y no cinco años después de que los papás les pasaron el celular, porque ahí ya es muy tarde.

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