Escrito por Ximena Greene / Nº 262 /  25 octubre 2018
Como potenciar el desarrollo preescolar

El cerebro de los niños entre tres y cinco años es de rápido crecimiento, dinámico, fluido, espontáneo y sorprendente. Si bien a esta edad no podemos pedirles a nuestros hijos que “piensen” como adultos, sí podemos estimularlos y entregarles herramientas para que se desarrollen mejor.

“El procesamiento neurológico en el cerebro de un niño de tres a cinco años es dos veces más ocupado que el de un estudiante universitario y, tal vez, tres veces más que el de un adulto”, afirma Hank Pellissier, fundador y director del Brighter Brains Institute y autor de numerosos artículos de educación, entre los que destaca Inside the preschooler’s brain.

A esta edad, los niños tienen alrededor de 100 mil millones de neuronas, con un 77% de ellas ubicadas en la corteza cerebral, territorio que maneja el lenguaje, las matemáticas, la memoria, la atención y la resolución de problemas complejos. Estas células cerebrales forman conexiones (sinapsis) para recibir información desde otras células: pueden llegar a sumar entre 1.000 billones en esta etapa del desarrollo.

Estos miles de millones de datos inundan el cerebro de los niños en edad preescolar, sin que ellos los puedan controlar. Por lo tanto, es normal que se sientan sobrecargados de emociones, que no sepan cómo actuar en determinadas ocasiones, que no hagan caso a lo que les decimos y que realicen pataletas en los lugares menos esperados. “El cerebro humano exhibe el desarrollo biológico más dramático durante los años preescolares, y casi cuadruplica su peso antes de los seis años”, explica el artículo Brain development during the preschool years, publicado en la revista Neuropsychology Review.

En este contexto, según Hank Pellissier, las primeras experiencias de un niño tienen una enorme influencia en el desarrollo de su cerebro. Este escritor y consultor en educación entrega algunas recomendaciones para que los padres de infantes de esta edad puedan aprovechar y entender esta etapa de la mejor manera posible.

Activa sus mentes:

Al proporcionar actividades cotidianas que despiertan la curiosidad de tus hijos, estás ayudando a crear vías neuronales que aumentarán su capacidad de aprendizaje. Exponer los niños a una variedad de estímulos afectará directamente la forma en que maduran. La recomendación es permitir que tus hijos interactúen con distintos materiales, cocinen, pinten con los dedos, construyan con barro, toquen instrumentos musicales y vayan a festivales, zoológicos, museos, piscinas, conciertos y áreas naturales. Todas estas actividades sensoriales los ayudarán a crear miles de conexiones cerebrales más.

Di no al estrés:

De acuerdo a un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, publicado en 2007 por el psiquiatra Allan Reiss y el profesor de psicología y Ph.D. Carl Weems, los niños necesitan sentirse seguros. El estrés y el miedo pueden liberar niveles tóxicos de cortisol, una hormona que puede destruir las neuronas.
Hacer comentarios positivos, amorosos, sensibles y alentadores puede ayudar a mantener a tus hijos alejados del estrés. Mantén los castigos y las amenazas al mínimo y evita las luchas de poder innecesarias. Al mismo tiempo, ten paciencia si los niños de esta edad aún utilizan pañales para dormir, si tienen temor a las pesadillas y a la oscuridad, y permite que tengan un objeto de seguridad como una mantita o un juguete de peluche.

Conversaciones que importan:

“Esta edad es el mejor momento para el desarrollo del lenguaje”, afirma Pellissier. En consecuencia, apoyar la audición y el habla ayuda a construir circuitos neuronales fuertes para la adquisición de un lenguaje más elaborado. Idealmente, háblale, cántale y léele a tus hijos con una voz que varíe en tono y ritmo y enfatiza palabras importantes. Trata de hacer preguntas abiertas que inicien el razonamiento, para que los niños traten de explicar cómo funcionan las cosas. Utiliza un vocabulario de alto nivel e incluye regularmente a los niños en conversaciones que los ayuden a expandir su vocabulario. Esta edad es también un momento ideal para introducir un segundo idioma, ya que el cerebro joven y “plástico” absorbe el lenguaje rápidamente.

Entre más sociable mejor:

“Permite que tus hijos tengan ‘amigos imaginarios’, porque estos desarrollan las zonas verbales del cerebro y mejoran las habilidades sociales para compartir, comunicarse y resolver conflictos”, señala el artículo de Pellissier. Sin embargo, recuerda que los preescolares tienen dificultades para separar la realidad de la fantasía, así que no los llames “mentirosos” si insisten en que sus historias son “verdaderas”.

Concentración:

Un niño de tres a cinco años podría prestar atención de cinco a 10 minutos. Exigir una concentración sostenida en una tarea lo frustrará, pero puede ayudarlo a mejorar su memoria de trabajo. A través de juegos y actividades que exigen control de la atención, el cerebro irá modelando poco a poco el autocontrol.
Además, a los cuatro años muchos circuitos de la corteza cerebral comienzan a formar la inteligencia matemática y lógica. Para desarrollar este centro, anima a tu hijo a comparar, recopilar y etiquetar objetos. Inventa juegos y actividades que lo haga clasificar en grande/pequeño, largo/corto, o por formas, colores, peso o tamaño.

Come sano:

Un reciente estudio de la Universidad de Bristol señala que los niños pequeños alimentados con comida chatarra desarrollan coeficientes intelectuales hasta cinco puntos más bajos que aquellos que se alimentaban de manera sana. Esto, debido a que consumen suficientes vitaminas y minerales para un crecimiento cerebral óptimo.
Alimenta a tus hijos con una variedad equilibrada y nutritiva de verduras, frutas, cereales integrales, productos lácteos y carne. La comida perfecta para el cerebro incluye la yema de huevo y la carne grasa, entre otras. Al mismo tiempo, es crucial limitar la ingesta de dulces, galletas, jugos de frutas y comida chatarra azucarada y salada que solo entregan “calorías vacías” sin nutrición esencial.

Jugar y correr al aire libre:

Idealmente, los niños pequeños deben tener al menos 30 minutos al día para correr y jugar al aire libre. Así lo señala el doctor John Ratey, autor de Spark, libro que explica por qué el ejercicio estimula el crecimiento de las neuronas. Ratey comenta que columpiarse, subir árboles, escalar y hacer otras actividades que impliquen la coordinación de todo el cuerpo es muy productivo en términos de desarrollo, puesto que incentiva diferentes partes del cerebro al mismo tiempo. “Estas actividades potencian el aprendizaje, la conciencia espacial y el ritmo”, señala. Deportes como el fútbol, la natación, el yoga, la gimnasia y la danza también son valiosos ejercicios de desarrollo cerebral.

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