Escrito por María de los Ángeles Saavedra / Nº 262 /  25 octubre 2018
Entendiendo a los niños problema

Niños que están enojados, no ponen atención en el colegio e impiden que sus compañeros lo hagan. O que llevan la contra y son incapaces de controlar sus impulsos o emociones por temor. Pueden tratarse de casos a los que debamos poner atención más de cerca.

Recientemente, hemos visto en los noticieros cómo algunos estudiantes destruyen sus colegios y amenazan al cuerpo docente sin importar las posibles consecuencias de sus actos. Si bien los niños con problemas conductuales no necesariamente van a llegar a este punto, como papás debemos estar atentos para evitar que estos comportamientos influyan negativamente en su desempeño académico y social.

Entre las conductas problemáticas más características, están la negativista desafiante o de falta de control sobre los propios actos y emociones (lo que se traduce en agresividad y actitudes provocadoras ante la autoridad), el trastorno por déficit de atención (TDA) y los cuadros de ansiedad.

El primero es el que muchos identificamos como el de los niños mal portados, que no hacen caso a las órdenes y siempre nos llevan la contra. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-IV los define como aquellos “comportamientos negativistas y desafiantes que se expresan por terquedad persistente, resistencia a las órdenes y renuencia a comprometerse, ceder o negociar con adultos o compañeros”.

Buscando detener la lucha entre los jóvenes y sus padres, Jeffrey Bernstein, psicólogo norteamericano que se especializa en terapia infantil y familiar, explica que los papás generalmente tratamos de “ignorarlos, darles tiempo en el rincón, tablas de premios y calcomanías -que probablemente terminaron en la basura- y ser muy duros o muy blandos a la hora de disciplinarlos. Ninguna de estas estrategias funciona, porque los niños desafiantes no tienen la capacidad de manejar su frustración y aprender de sus errores”.

Para ello, el autor elaboró un programa de diez días con consejos prácticos para ayudar a cambiar la actitud de nuestros hijos. Algunos consejos.
Entender por qué están actuando así: escucharlos y comprender qué quieren y cómo se sienten. Esto, según Bernstein, es casi tan importante como quererlos.
Mantener la calma: gritar es una forma de perder el control y no necesitamos niños y padres descontrolados. Por ello, estar calmado, pero firme, es crucial para enfrentarse a un niño oposicionista, demostrándole que su comportamiento no ha logrado el efecto deseado en nosotros. Necesitan contención y lo más importante es que nosotros seamos capaces de mantener la paz en estos momentos de caos.
Refuerzo positivo: no solo motiva el buen comportamiento, sino que fortalece su autoestima por medio de alabanzas, validación y motivación.

El niño hiperactivo

Más conocido como déficit atencional, el trastorno por déficit de atención (TDA) afecta entre un 3% y un 5% de los niños en edad escolar -principalmente a hombres-y se identifica porque son impulsivos, inquietos e incapaces de concentrarse en una actividad o terminar una tarea.

“Las características asociadas varían en función de la edad y del estado evolutivo, pudiendo incluir baja tolerancia a la frustración, arrebatos emocionales, autoritarismo, testarudez, insistencia excesiva y frecuente”, señala el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-IV. Con frecuencia, agrega la publicación, el rendimiento académico está afectado y devaluado, lo que conduce a conflictos con la familia y el profesorado.

Es fácil estigmatizar a estos niños, señalándolos como mala influencia y con mal comportamiento, pero existen ciertas recomendaciones que pueden ayudarnos a lidiar mejor con estos pequeños torbellinos.
No etiquetar: al escuchar siempre que es flojo, malo, desobediente, el niño va a entender que eso es lo que los adultos piensan -y esperan- de él, afectando su autoestima y predisponiéndolo a actuar siempre de la misma forma.
Saber qué esperar: al darle una cierta estructura a la rutina, los niños que son más dispersos sabrán qué esperar de su día. De esta manera, hay menos posibilidades de distracción y más opciones de darle un sentido ordenado a sus ideas.
Ir de a uno: los niños con déficit atencional, por definición son más proclives a dejar las actividades sin terminar. Por ello, una buena idea es darles las instrucciones de a una, esperando a que la terminen, para luego seguir con las demás. Estas deben ser claras y directas, sin espacio para la interpretación.
Ayudarlo en lo que es bueno: encontrar actividades que le gusten y lo motiven fortalecerá su autoestima y, al mismo tiempo, nos ayudará a fijarnos en las cosas positivas de nuestro hijo, en lugar de resaltar siempre su mala conducta.

Niños ansiosos

Un tercer trastorno de conducta que podríamos ver en niños preadolescentes es el de la ansiedad. Esta puede presentarse en comportamientos cotidianos como el temor a separase de los papás cuando los dejan en el colegio, el miedo a las tormentas o a algunos animales, a realizar una presentación en público o la presencia de comportamientos obsesivos. El problema está cuando estos miedos afectan su vida escolar, social y familiar.

Según un estudio publicado en la revista Acta Bioethica, escrito por académicos del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Universidad de Concepción, que utilizó una muestra por sobre los 1.500 niños y adolescentes, más del 22% sufre alguna enfermedad de salud mental y, de ellos, un 8,3% presentó algún trastorno ansioso.

A pesar de que esta condición no tiene un origen claro, diversos expertos en salud coinciden en que los niños que muestran este tipo de cuadros son cada día más pequeños. Si bien el grueso de los pacientes tiene entre 14 y 16 años, hoy los casos pueden llegar incuso a los ocho años.

¿Cómo ayudar a los niños ansiosos?

• Enfrentar el miedo: si bien muchos papás con buenas intenciones pueden tratar de calmar a sus hijos, evitando por todos los medios que ellos se enfrenten a sus miedos, esta no necesariamente es la respuesta correcta. Afrontar las fobias es parte del aprendizaje para poder superarlas. Entregarles herramientas que los ayuden a tolerar las razones de su ansiedad, producirá que, con el tiempo, se acostumbren y las sobrelleven.
• Ser realista: darles un refuerzo positivo puede ayudarlos a manejar su ansiedad y mejorar su autoestima. Tranquilizarlos con frases como “todo va a estar bien”, “juntos lo vamos a solucionar”.
• Tener un plan: la peor parte del momento que nos hace ansiosos es, de hecho, justo antes de que este suceda. Por lo tanto, es una buena idea mantener el tiempo de anticipación corto. Si al niño le dan miedo las vacunas, mejor no hablarlo con mucha anticipación. Y cuando sea el momento, hacer un plan con todo lo que pueda pasar y así reforzar su confianza en que todo va a salir bien.

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