Escrito por Magdalena Ríos / Foto Diego Rámirez. / Nº 262 /  25 octubre 2018
Fundación Puente

La vulnerabilidad, un criterio de selección atípico, es precisamente el que usa la Fundación Puente para elegir a sus becados. Se trata de jóvenes universitarios a quienes apoya a lo largo de toda la carrera para que puedan terminar sus estudios. En sus 25 años de existencia, ha logrado que 400 personas junto a sus familias salgan de la extrema pobreza.

Desde que era pequeño, su madre, que hacía el aseo en un establecimiento educacional de una comuna de escasos recursos, le decía constantemente a Enrique (nombre ficticio) que estudiara. Ambos, junto a otros tres familiares -entre los que había una persona esquizofrénica y otra alcohólica- vivían hacinados en una misma pieza. Cuando Enrique volvía del colegio, sus amigos, que ya incursionaban en el mundo de las drogas, le decían que dejara el estudio y saliera con ellos. Sin embargo, el joven tenía grabado a fuego el consejo de su mamá y seguía abocado a los cuadernos.

Salió del colegio y, fruto de su gran esfuerzo, ingresó a estudiar ingeniería comercial en la Universidad de Chile. Por su alta vulnerabilidad, fue uno de los becados de la Fundación Puente. Gracias al apoyo económico y de todo el equipo humano que hay detrás de esta institución, se tituló. Trabaja en una empresa desde hace ocho años, donde ha ido ascendiendo, se casó, tiene una hija, se compró una casa y ayuda a su mamá, que pudo dejar de trabajar. Enrique está feliz y es uno de los 400 egresados de Fundación Puente que ha logrado cumplir su sueño de ser profesional y romper el círculo de la pobreza.

“Al oír casos como el de Enrique te emocionas. Para mí, es la mano de Dios. Él reconoce que el acompañamiento de la fundación fue esencial, porque aparte del apoyo económico, aquí tenía una figura firme de contención”, afirma Sebastián Cereceda, presidente del directorio de Fundación Puente.

Impacto Social

Hace varios años, el sacerdote Andrés Moro, actual vicario para la Educación, vio que estudiantes de muy bajos recursos lograban entrar a la universidad y que, a pesar de tener solucionado el problema de la matrícula y la colegiatura con créditos y becas (hoy, además, con la gratuidad), no se lograban mantener en la carrera y terminar sus estudios.

“Se enfrentaban a problemas como pagar la movilización, las fotocopias, el almuerzo o el alojamiento, en el caso de los que venían de regiones. El padre Andrés creó un programa que entrega a los becados un aporte monetario, que actualmente alcanza entre $35.000 y $40.000 mensuales, el cual se complementa con actividades de formación y acompañamiento, que dan al joven universitario la capacidad de terminar sus estudios. Es decir, se aborda la dimensión económica que soluciona, en parte, estos gastos que son muy importantes en este segmento de estudiantes. Además, se les acompaña personalmente con psicólogas, trabajadoras sociales y una serie de actividades formativas durante toda la carrera”, explica Sebastián Cereceda.
En un inicio, el programa comenzó con unos pocos colaboradores y benefició a un par de personas. Hoy, después de 25 años, hay 155 becados y otros 400 egresados. “Es algo que nos llena de orgullo porque, si se suman las familias, deben ser alrededor de 1.500 personas las que se han beneficiado con la ayuda de la Fundación Puente. Esta cifra refleja un 97% de éxito, ya que solo un 3% de los estudiantes que ingresan al programa no termina”, agrega el presidente del directorio de esta organización.

¿Cuál es la importancia de una institución como la Fundación Puente?
– Alrededor del 90% al 95% de nuestros estudiantes universitarios del programa son la primera generación de la familia que entra a la universidad. Por lo tanto, la presión para entrar a trabajar rápido es altísima. Si no tienen a alguien que los esté conteniendo e incentivando para que puedan terminar sus estudios, la deserción sería gigantesca.

A lo largo de todos estos años, ¿han podido comprobar que hayan logrado superar la pobreza?
– Totalmente. Tenemos estadísticas. En promedio, a los seis meses un becado consigue trabajo y alrededor del 99% de ellos están empleados.

¿Cuál es el criterio de selección?
– Aceptamos alrededor de 35 a 40 becados por año por criterios de vulnerabilidad. Te encuentras con gente que sufre hacinamiento en sus casas, que tiene muy poco soporte económico de sus papás, que su familia nunca ha ido a la universidad y, por lo tanto, la probabilidad de que deserten es altísima. Este empujón que nosotros les damos para que terminen es una mano amiga que los apoya durante toda la carrera para que salgan adelante.

¿Qué desafíos tienen como institución?    
– Nuestro sueño es tener mil becados en un plazo de cinco años. Es un proyecto ambicioso, pero el déficit es tan grande que debemos hacer algo para generar más impacto. Este programa tiene una rentabilidad social tan alta que es urgente hacerlo crecer. Para eso, necesitamos ayuda de gente que esté convencida de que la educación es una herramienta fundamental para superar la pobreza en Chile.

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