Escrito por María Ester Roblero / Nº 263 /  28 noviembre 2018
Cuando uno de los dos se queda atrás

Puede ocurrir y ¡sucede!: uno de los dos se siente realizado en su trabajo y el otro no.  Uno tiene buenos amigos y el otro no. Uno está conforme con lo que tiene y el otro no. ¿Podría llamarse a esto un problema de pareja? En un principio, la respuesta es negativa. Pero al paso del tiempo, esto sí provoca una crisis conyugal.

Por los sillones de los psicólogos pasan a diario muchas personas que llegan contando que “ellas están bien, pero su pareja se quedó estancada”. Todo empezó hace algunos años… ¿Se pudo evitar esto? ¿Se pudo dar una mano?
Es cierto que cada cual debe intentar desarrollarse y crecer siempre; sin embargo, si integramos este tema en las conversaciones frecuentes que tenemos en pareja, podemos dar algunos tirones hacia arriba.

El investigador y escritor Tom Rath, en su libro La Ciencia del Bienestar, basado en un estudio realizado por Gallup, identifica cinco elementos esenciales que, con independencia de la vida conyugal, hacen que una persona se sienta más o menos feliz. Al cuidar y preocuparnos por ellos, velamos directamente también por nuestra relación afectiva.

La carrera profesional

“¿Te gusta lo que haces cada día?”, fue la pregunta realizada alrededor del mundo en el estudio. A los investigadores les sorprendió que este fuera el factor más determinante en el resultado final. Si a la persona no le agrada lo que hace la mayor parte del día, no es feliz. Y eso repercute en forma muy problemática en una relación de pareja.

Quienes obtuvieron una puntuación alta en esta área tenían “más del doble de probabilidades de prosperar en sus vidas en general”.
Cuando el estudio eligió al azar a las personas, midiendo la frecuencia cardíaca, los niveles de cortisol y el estado de ánimo, vieron que había diferencias enormes entre las que realmente estaban involucradas en sus actividades y las que contaban los minutos para terminar la jornada laboral.
Las primeras eran mucho más felices y menos estresadas. Aquellas con el compromiso más bajo eran más propensas a ser diagnosticadas posteriormente con depresión y a tener niveles de colesterol y triglicéridos desproporcionados.
Conclusión: Hay que luchar por tener un trabajo que nos permita sentir que aportamos al mundo y que desarrolla nuestros talentos. En la educación de los hijos es clave permitir que sus elecciones profesionales sean libres y basadas en un real conocimiento de sí mismos.

El bienestar social

Este ítem midió las relaciones familiares sólidas, de amistad y amor en la vida. Aunque no aparece en primer lugar como predictor del sentimiento general de felicidad, esto no significa que no tenga un alto impacto. Sucede que, cuando una persona tiene un trabajo que no le gusta, llega con el ánimo bajo a su hogar. Sin embargo, no basta con tener o sentir un gran amor para que llegue lleno de humor a un trabajo donde no se siente realizado.
Lo importante es el análisis riguroso de los investigadores sobre los tipos de personas con quienes pasamos más tiempo y cómo ellos nos hacen felices o infelices. Los números difieren en promedio para hombres y mujeres: a los hombres no les gusta estar cerca del jefe; a las mujeres les gusta estar cerca de sus padres.

La conclusión es que con quien pasas el tiempo es crítico, porque la felicidad se contagia a nuestro alrededor. Ojo: un mal jefe es responsable de muchas peleas matrimoniales.

Los investigadores concluyeron que:
Necesitamos un mínimo de seis horas de tiempo social al día: con la familia y/o amigos. Esto aumenta la felicidad y minimiza el estrés.
Cuanto más tiempo pases con amigos y familiares, mejor.

El bienestar financiero

La investigación mostró que la forma en que las personas se sienten respecto a su situación financiera es más importante que la cantidad de dinero que realmente perciben.
Un caso concreto es el de quienes gozan de una gran realización profesional, a pesar de ganar menos. O de aquellas personas que optan por pasar más tiempo con su familia, a pesar de bajar sus ingresos.

También se descubrió, en relación al dinero, que:
Gastar plata en otros aumenta la felicidad más que hacerlo en uno mismo.
Desembolsar dinero en experiencias, como las vacaciones, aporta más que las posesiones materiales cuando se trata de la felicidad. Las experiencias crean recuerdos positivos que puedes revivir indefinidamente.

El bienestar físico

Tom Rath define esta forma de bienestar como “tener buena salud y suficiente energía para hacer las cosas a diario”. En este caso, la conclusión hizo sonreír a muchos médicos:
El ejercicio no solo hace más felices y menos estresadas a las personas, sino que la energía que gastan en el gimnasio la ganan en la vida diaria. La falta de energía a menudo resulta de la inactividad, no de la edad.
El bienestar físico también repercute en la vida sexual. El ejercicio nos hace sentir atractivos y más seguros.

El bienestar comunitario

Los autores definieron esto como un “sentido de compromiso que se tiene con el lugar en el que vives”. Aparece en quinto lugar, pero Rath dice que puede ser la diferencia entre una buena vida y una excelente.

Estar comprometido con la comunidad despierta sentimientos altruistas que llenan de sentido y trascendencia a las personas.
Quienes se conectan con su comunidad y hacen amistades, disminuyen su percepción de vulnerabilidad.
Quienes participan en grupos o eventos comunitarios suelen ser menos sedentarios y ocupar menos tiempo libre en actividades poco saludables: exceso de televisión, comida o alcohol.
En el capítulo “bienestar comunitario”, los autores no solo incluyen el barrio, sino también a los grupos de amigos. Comprueban, por ejemplo, que aquellos que se alimentan sanamente terminan modificando en forma positiva la mala dieta de sus compañeros. Llevar esto a la vida familiar es de gran impacto: aquellos amigos que pasan tiempo de calidad con sus familias y parejas, contagian también a los demás. Por eso, elegirlos con pinzas nunca está demás.

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