Escrito por Priscilla Heiss P. / Nº 263 /  28 noviembre 2018
Educar para emprender

Conversar, explicar y, sobre todo, abrir las puertas de nuestro hogar al emprendimiento puede ser clave para preparar a los hijos que quieran comenzar una aventura de este tipo. El camino es duro y dificultoso, pero no deja de ser una analogía de la vida: esfuerzo, perseverancia, decisión, humildad, trabajo duro y sacrificio son algunos de los ingredientes necesarios para triunfar.

Hace ya un tiempo que el emprendimiento cambió el ambiente laboral de Chile y el mundo. Mientras los nombres de Mark Zuckerberg (Facebook), Steve Jobs (Apple), Larry Page o Sergey Brin (Google) comenzaron a ser tema obligado y un ideal para muchos alrededor del globo, en Chile los creadores de Cornershop, Daniel Undurraga, Juan Pablo Cuevas y Oskar Hjertonsson, se transformaron en referentes locales.

Gracias a ejemplos como estos, hoy miles de jóvenes ven en el emprendimiento la posibilidad de hacer algo distinto a lo que estuvieron acostumbrados a ver en la vida laboral de sus padres: armar negocios, materializar ideas, manejar sus tiempos y, por qué no, ser un aporte a la sociedad en la que viven.

“Muchos jóvenes se ven atraídos por emprender, ya que se trata de una oportunidad de idear, diseñar, desarrollar e implementar una solución de forma autónoma. Es un escenario donde llevas al máximo tus capacidades más allá de si llegas o no al destino”, señala Rodrigo Frías, subgerente de Financiamiento Temprano de CORFO.

Buena preparación

Para diversos expertos, emprender sin tener estudios universitarios o técnicos es una cruzada no recomendable. Es preferible hacerlo mientras se lleva a cabo la educación superior, lo que implica una oportunidad para desenvolverse a edad temprana en un ambiente complejo que permite adquirir una experiencia única y necesaria. Si se calcula que en Chile ocho de cada diez emprendimientos fracasan, mientras más joven se comience la hazaña, más rápido habrá oportunidad de llegar a la meta.
Rodrigo Frías explica que hoy se habla mucho de los casos de éxito de los emprendedores más conocidos, principalmente porque varios de ellos no terminaron la universidad o porque indirectamente se les asocia a una característica que los emprendedores debiesen tener. “Sin embargo, es relevante tener presente dos precauciones. Primero, todos estos ejemplos son muy singulares, ya que muy pocos emprendedores que siguieron los pasos de los famosos -incluyendo abandonar los estudios-, llegaron al mismo nivel de éxito que ellos. Segundo, dejar la universidad no fue el único factor que los condujo a triunfar. Hay otros múltiples a considerar, comenzando porque son individuos que piensan de forma distinta, cuestionaron el status quo pero también fueron capaces de estar en el momento indicado -time to market-, como también contar con buenos socios con los que fundaron sus empresas. Dicho de otra manera, no porque actúe como ellos significa que voy a ser como ellos”, resume.

Entre más y mejor preparado esté un emprendedor –sea por estudios, experiencias o redes- más probabilidades tendrá de que le vaya bien. “Los estudios no son excluyentes al momento de emprender, sino que son tremendamente valiosos. La pregunta que debemos hacernos va más por el lado de si nuestro modelo actual de formación está educando emprendedores. Si la respuesta es sí, entonces hay que saber cómo y en dónde lo están haciendo. No tengo certeza de que esto esté bien definido como sociedad”, señala Frías.

Qué se necesita para emprender

Una buena idea no lo es todo al momento de empezar un camino propio. Partir por ella es fundamental, pero el cómo implementarla es clave. Eso implica estar en el momento adecuado y con un equipo sólido que lleve a cabo el proyecto. Resultan fundamentales la perseverancia y la humildad, saber que solo es imposible llegar a la meta final.

Alejandra Mustakis, directora de la Asociación de Emprendedores de Chile (ASECH) cree que una actitud poco temerosa es esencial en los emprendedores. “Fracasar no significa que dejas de ser emprendedor. El fracaso sólo significa un aprendizaje en el largo y disparejo camino del emprendimiento”, comenta.

Según el último reporte mundial del Global Entrepreneurship Monitor, Chile se encuentra en el puesto 44 de 54 naciones en relación al miedo al fracaso. Esto significa que sólo un 29.4% de los emprendedores chilenos tiene temor a fallar en su emprendimiento. Al respecto, Alejandra Mustakis señala: “Esto evidencia, de cierto modo, que somos obsesivos, que si tenemos una idea en la cabeza buscamos las formas de concretarlas. Nos demuestra que muchas veces la ‘guata’ es casi tan importante como el conocimiento, porque sólo nosotros sabemos cómo llevar adelante nuestros proyectos”.

En tanto, Alberto de la Fuente, ingeniero comercial de la Pontificia Universidad Católica de Chile, empresario y director de la agencia de marketing Moratti, opina: “Es clave tener un equipo. Si no tienes plata para contratarlo, puedes compartir la idea y las ganancias”. En este sentido, explica que el saber compartir una buena idea, buscar gente que la entienda y que pueda ayudar a ponerla en práctica es fundamental, sobre todo en un ambiente cada vez más cambiante y exigente, donde la velocidad para actuar puede marcar la diferencia.

MIENTRAS ANTES MEJOR

Cuando los hijos mencionan la palabra “emprender”, la mayoría de los padres sienten preocupación -y susto- por lo que esto puede significar. Pero lo cierto es que mientras antes se pueda hablar y dar un espacio al emprendimiento en la familia es mejor, sobre todo cuando algún hijo muestra especial interés en el tema. Es precisamente en situaciones cotidianas cuando se puede poner énfasis y alentar a que ideas de negocios, servicios o pequeños trabajos puedan ser llevados a cabo. Algunos ejemplos:
Hablar con los hijos sobre la importancia de usar la creatividad y de innovar con cosas pequeñas.
Reemplazar la frase “no puedo” por “¿cómo podría hacerlo?”.
Alentarlos a tomar riesgos, conseguir dinero, armar redes de contacto.
Hablar sobre la historia de los grandes emprendedores: cómo fue su camino para conseguir el éxito, qué obstáculos tuvieron que vivir o cuántas veces fracasaron antes. Hacer que estos personajes sean de carne y hueso, y que generen respeto por lo que lograron.
Enseñarles a pensar en cumplir sus sueños y expectativas de trabajo más importantes.
Hablarles sobre lo trascendental que significa escuchar la opinión de personas con experiencia que puedan ser guía, o mirar a su alrededor y pensar en cómo mejorar el mundo en que les tocó vivir.
Grabar en la mente de los hijos la frase: “Si puedes soñarlo, puedes hacerlo”.

Fortalezas de emprender

Se pone a prueba la creatividad, el entusiasmo y las ganas de ser independiente, entre otros aspectos.
Posibilidad de disponer y manejar los propios tiempos: “ser tu propio jefe”.
Hacerse experto en un tema desconocido.
Aprender a ser una persona resiliente ante los múltiples fracasos y saber comenzar de nuevo y reinventarse en tiempos difíciles.

Dificultades más comunes al emprender

Falta de recursos económicos.
Miedo al fracaso.
Problemas para encontrar socios que entiendan y se pongan la camiseta por el proyecto.
Falta de tiempo cuando se decide emprender mientras se estudia o trabaja.
Encontrar las redes adecuadas que permitan estar bien conectado y lograr el objetivo.
Dirigir equipos diversos que sepan adecuarse.

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