Escrito por María de los Ángeles Saavedra / Nº 263 /  28 noviembre 2018
Papá, ayudame a crecer

El rol de ambos padres es fundamental en la crianza de los hijos, pero estos han ido cambiando de manera importante en los últimos años. En este contexto, ¿cómo influye el papá en el desarrollo de los niños o niñas?

La función de los papás en los hogares ha cambiado. Ahora ellos no son los que llegan tarde del trabajo a prender una pipa y tomarse un trago, sino que frecuentemente nos encontramos con hombres que visten, mudan y peinan a sus hijos y que comparten más tiempo y tareas dentro del hogar. Teniendo en cuenta que cada familia tiene sus propias dinámicas y la forma de relacionarse entre padres e hijos se rige de acuerdo a su propio contexto, existen algunos ámbitos en los que la presencia de los papás es significativamente importante a la hora de criar a sus hijos.

Crianza sin estereotipos

De acuerdo a Dante Spetter, académico de la Universidad de Harvard, generalmente las madres son las que nutren las relaciones de manera más explícita y sentimental, mientras que los papás se enfocan más en los juegos físicos. Sin embargo, asegura que esto ha ido mutando.

“La mayor participación en el campo laboral de la mujer ha promovido un cambio central en la forma en que tradicionalmente los padres se vinculaban con sus hijos, aumentando su participación directa en la crianza y una mayor valorización del vínculo con ellos”, dice Daniela Becerra, psicóloga del Instituto Chileno de Terapia Familiar. Es cada vez más común ver hombres cambiando pañales, levantándose en la noche a atender a sus hijos o ayudando con las tareas hogareñas.

“Si los padres sintonizan más con ciertos intereses y capacidades de sus niños, se pueden sumar a la crianza desde ahí, cosa que no sucede necesariamente por ser ‘padre-hombre’ o ‘madre-mujer’, sino porque hay algo en común con ese hijo o hija, que ambos disfrutan y que facilita la conexión afectiva”, explica Becerra.

El padre como modelo a seguir

• Niñas: Modelo de diferenciación
Si bien las niñas pueden imitar el comportamiento de sus madres, ver la interacción de los papás ante determinadas situaciones, los transforma en el referente sobre qué comportamientos esperar de los hombres en el futuro y, al mismo tiempo, de ellas como mujeres.

• Niños: Modelo de identificación
“Alrededor de la adolescencia, a veces a los niños les gusta afirmar que pueden ser hombres independientes, pero eventualmente los padres y los hijos pueden desarrollar una relación de amistad”, afirma Dante Spetter. Los niños ven en sus padres un modelo de identificación que les muestra cómo ser en el futuro e incluso cómo interactuar con los demás en diferentes contextos.

Criando niños felices

• Niñas: mejor autoestima
Un estudio realizado por la doctora Robyn Silverman, especialista en desarrollo infantil y adolescente, señala que una buena relación entre padres e hijas produce que las niñas tengan una mejor autoestima y confianza en sí mismas. “La autoestima de los hijos e hijas se construye a partir de cómo cada adulto significativo participa reforzando, estimulando e identificando los recursos y habilidades de los hijos o hijas”, agrega Daniela Becerra.

• Niños: Buena Sintonía
Un trabajo efectuado por la Universidad Estatal de Pensilvania demostró, a partir del estudio de más de 200 familias, que la presencia del padre en la vida de sus hijos los ayuda a fortalecer su autoestima y el desarrollo de habilidades sociales, especialmente en los años de pre adolescencia y adolescencia. “Esta es una edad en la que los niños comienzan a tener más autonomía y a identificar sus propios intereses”, explica la psicóloga del Instituto Chileno de Terapia Familiar. Es importante que los propios padres sepan reflexionar sobre sus sentimientos y emociones para así identificar los del niño y crear vínculos sanos.

“En definitiva, la construcción de sintonía y vínculo de los padres y madres con cada hijo e hija es un proceso y, como tal, es dinámico y de exploración continua a lo largo del ciclo vital individual y de la familia. El desafío es que puedan adaptarse a cada etapa con flexibilidad, comprensión de los contextos y desde el reconocimiento de la identidad de cada niño. Mientras prevalezca un vínculo amoroso, con límites que cuidan y que facilitan la exploración del mundo, la familia podrá crecer con salud mental y mayor bienestar”, concluye Becerra.

¿Cómo podemos fortalecer este rol?

Los roles y funciones de los adultos al cuidado de las familias son dinámicos, complementarios y dependen del contexto en los que se despliegan. Si bien es tentador estereotipar y definir lo que debería ser propio del papel que le corresponde al “padre-hombre” o a la “madre-mujer”, esto puede limitar la mirada y comprensión de la realidad de cada familia en particular.

Por ello, existen algunas propuestas respecto a la crianza y vínculos:

Que se centren en el buen trato, el respeto, el reconocimiento legítimo del otro (niño o niña).
Acompañar emocionalmente al niño o niña en el proceso de crecer y aprender habilidades sociales, relacionales y afectivas.
Potenciar los talentos y habilidades de sus hijos.

Lo anterior invita a los adultos a reflexionar sobre los propios aprendizajes y estereotipos, siendo capaces de contener, auto regularse y escuchar lo que sus hijos e hijas necesitan.

Daniela Becerra M., Psicóloga y terapeuta familiar y de parejas del Instituto Chileno de Terapia Familiar

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