Escrito por Magdalena Ríos / Nº 263 /  28 noviembre 2018
Three Identical Strangers y Twinsters: Cuando la realidad supera a la ficción

Estos dos documentales narran casos reales que, de no serlos, parecerían inverosímiles. En ellos, trillizos y hermanas gemelas separados al nacer son entregados en adopción a familias diferentes y se encuentran fortuitamente en su juventud, planteando la siguiente pregunta: ¿cuánto influyen la biología y la familia y los modos de crianza en el desarrollo de una persona? La psicóloga Macarena Clark, especialista en niños y adolescentes, plantea una respuesta.

Lo que narran los documentales Twinsters (2015) y Three Identical Strangers (2018) es de no creerlo, sin embargo, en ambos casos se trata de historias verídicas.

Twinsters cuenta la experiencia de dos hermanas gemelas de origen coreano que fueron adoptadas por separado -una en Francia y otra en Estados Unidos- y que se encontraron por casualidad a los 25 años, gracias a las redes sociales. Como ninguna sabía de la existencia de la otra, la sorpresa fue de proporciones. La hoy actriz Samanta Futermann -Sam- creció en una familia norteamericana compuesta por sus padres y dos hermanos, mientras que la actual diseñadora de vestuario, Anais Bordier, fue educada por sus padres franceses y fue hija única.

La película, dirigida por la misma Samanta junto a Ryan Miyamoto, muestra todo el proceso desde que, en febrero del 2013, Anais –por sugerencia de un amigo que había visto videos de la actriz en internet, llamándole la atención lo parecida que era a ella- contacta a Sam a través de Facebook. Desde ahí comienza un intercambio de chats hasta que deciden encontrarse en Londres, donde vivía Anais, acompañadas por sus familias. El documental va develando todo el proceso de conocimiento entre las dos y cómo buscan sus orígenes. También muestra las grandes similitudes y diferencias de personalidad que tienen ambas hermanas, producto del entorno en que les tocó crecer.

Importancia del Apego

Según la psicóloga de la Universidad del Desarrollo, Macarena Clark, especialista en niños y adolescentes, los estudios muestran que, aunque la biología influye mucho en el desarrollo de una persona, más relevante aún es el entorno en el que crece.
“Hoy más que de la naturaleza de la crianza, se habla de los estilos de apego. Los niños se atreven a salir al mundo en la medida en que se sientan seguros de que pueden volver a una madre que los protege y les da contención en caso de que se enfrenten a peligros; sin embargo, hay algunas que no lo hacen. Existe el apego seguro, inseguro evitante e inseguro ambivalente. Uno seguro y amoroso llevará al hijo a desarrollar una personalidad sana para salir al mundo. Por el contrario, si el niño está acostumbrado a que lo eviten, entenderá que el ambiente es hostil y hará lo mismo; si ha crecido con señales de ambigüedad, saldrá al mundo temeroso, hípervigilante y sin saber a qué atenerse”, explica.

Lo anterior se aprecia claramente en las gemelas de Twinster. “Sam tiene un estilo más relajado de crianza, posee una familia con hermanos cercanos y unos papás presentes. Es una niña más suelta, extrovertida y que todo el tiempo transmite emociones. En cambio, Anais da la impresión de ser más retraída y de que tiene unos padres distantes. Cuando las dos jóvenes se encuentran por primera vez, llega su madre y aunque dice ‘ahora tengo dos hijas’, es fría, no participa y se queda atrás; en cambio, la mamá de Sam se acerca y las abraza a ambas, es cálida y acogedora. Solo es cosa de imaginarse el hogar de Anais como hija única y con una mamá más lejana”, comenta la psicóloga.

En algún momento, las gemelas discuten sobre la posibilidad de viajar a Corea del Sur, su país de origen, para encontrarse con sus raíces, pero Anais no está muy convencida. “Ella está asustada, se siente amenazada por este mundo, porque nunca fue una niña que tuvo un apego seguro para salir a conquistarlo. Anais ve las cosas más grises y no con tanto optimismo como Sam, que es más confiada. Ella dice que ama a su madre biológica sin haberla conocida y entiende que podría no estar preparada para conocerla. En cambio, Anais siente que ella las rechaza. Es decir, cada una enfrenta el mundo dado el tipo de apego que tuvo”, dice Macarena.

Sam dice que siempre se sintió amada y que ser adoptada para ella nunca fue un problema. “El hecho de que sus padres no pudieran tener hijos, la hizo sentir que ella había venido a ser un regalo para ellos. Se siente segura y, por lo tanto, sale a conquistar el mundo confiadamente. Es el resultado de un estilo de apego seguro. En cambio, a Anais nunca le transmitieron eso, muestra un retraimiento permanente, una cara más triste, se ve hípervigilante y más rígida. La postura de ambas ante la vida es muy distinta, lo que no es algo que venga biológicamente dado; tiene que ver con ese vínculo que se establece con la figura significativa. En ambas se muestra muy claro cómo, a pesar de ser gemelas, los estilos de apego fueron diferentes, lo que las hace tan distintas”, indica la psicóloga.

Extraños pero idénticos

Tres jóvenes de 19 años que no se conocían entre sí descubren, accidentalmente, que son trillizos separados al nacer. Cada uno fue adoptado por una familia diferente en Estados Unidos. A la alegría inicial de este inesperado y sorpresivo encuentro en los años 80, que incluso fue seguido de cerca por los medios de comunicación, viene un macabro descubrimiento.

La película Three Identical Strangers, estrenada este año en Estados Unidos, muestra cómo los tres hermanos Eddy Galland, David Kellman y Robert Shafran fueron objeto de un estudio secreto por parte del psiquiatra y psicoanalista de origen austríaco, Peter Neubauer, del Child Development Center, quien estaba interesado en descubrir cuánto influían la naturaleza y la crianza en el desarrollo de una persona.

La agencia de adopción Louise Wise colaboró con el estudio de este médico, colocando a estos niños – a un número aún indeterminado de otros mellizos y/o trillizos- en familias de diferentes estratos socioeconómicos para poder estudiarlos. En el caso de estos hermanos, fueron estratégicamente dados en adopción a una familia de clase alta, a otra de nivel medio y a una de clase trabajadora. Durante años, los visitaron en forma periódica investigadores del centro del doctor Neubauer, quienes decían a sus padres que realizaban un seguimiento para rastrear el progreso de los niños adoptados (ignoraban este estudio, así como que eran trillizos).

Esta película, dirigida por el cineasta británico Tim Wardle, más que llamarse Three Identical Strangers (Tres extraños idénticos), a juicio de Macarena Clark debería llamarse Three Damaged Brothers (Tres hermanos dañados). “Lejos lo que más me llamó la atención de este documental fue la tremenda falta de ética. Las elocuentes declaraciones de uno de los hermanos de haberse sentido utilizado como una rata de laboratorio y de haber recordado los experimentos nazis de otra época, hablan por sí solas del daño causado, especialmente porque uno de ellos, Eddy, termina suicidándose a los 33 años”, señala.

Además, a la experta le sorprende cómo los responsables de este cuestionado estudio manejaron las variables constantes para hacer más fácil las comparaciones. Dejaron a cada uno de los niños en ambientes familiares parecidos, con una hermana dos años mayor y en un ambiente judío. Principalmente, movieron el nivel socioeconómico del grupo familiar donde pusieron a cada uno.

El padre de David –a quien asignaron en el estrato socioeconómico alto– era médico, no estaba nunca presente y era distante. A Eddy le tocó la familia de clase media, con un papá muy conflictivo y violento y con quien tenía una muy mala relación. “Un estilo de crianza autoritario y agresivo, pudo haber sido determinante en su depresión y posterior suicidio”, indica Macarena. Por último, a Robert lo colocaron en una familia de estrato socioeconómico bajo, con un padre dueño de un almacén. “Ambos tenían una relación muy cercana y había un ambiente familiar muy cálido y acogedor. De los tres, este es el más sano”, agrega.

Cuando se encontraron, los trillizos tenían miradas idénticas, formas similares de hablar y gustos muy parecidos. Durante su infancia tuvieron también algunos comportamientos afines. “Cuando eran guaguas tuvieron ansiedad de separación inconsciente, la que se manifestó en el síntoma de pegarse contra la cuna. Claramente, tuvo que ver con que estos hermanos habían sido distanciados y querían estar juntos”, explica la psicóloga. Incluso, la madre de David contó después que, desde que era muy chico, su hijo decía tener un hermano imaginario.

Según la profesional, probablemente la ansiedad de separación, que no fue bien contenida por ninguna de las tres madres, llevó a los problemas psicológicos que los niños presentaron con posterioridad. Los tres experimentaron depresión en alguna ocasión y fueron a hospitales psiquiátricos cuando eran adolescentes.

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