Escrito por Priscilla Heiss P. / Nº 265 /  26 diciembre 2018
Los hobbies son un regalo

Que los niños descubran un hobbie y lo practiquen es un complemento y un regalo perfecto para esta Navidad. Sobre todo en tiempos en que lo material ha cobrado demasiada importancia y en los cuales resulta esencial que aprendan a conectarse con las cosas sencillas: los deportes, las manualidades, el paisaje, la música y el mundo en el que viven. Cuatro profesores nos cuentan el pasatiempo que ellos mismos practican y cómo los ha ayudado a forjar su personalidad y a ampliar su mirada más allá de lo que se enseña en una sala de clases.

 

EL COLOR DE LOS MOSAICOS

María José Fuenzalida, profesora de 5º Básico del Colegio Alemán de Chicureo, cuenta y recomienda las bondades que tiene el mosaiquismo, técnica que le encantaría que muchos niños pudieran desarrollar. Ex-alumna del Colegio Las Teresianas, fue ahí donde se empapó de esta disciplina, que era una tradición de su colegio y que incluso en cuarto medio les permitía dejar recuerdos en bancos, murales u otros objetos.

Para María José se trata de una afición que tiene efectos muy importantes en los niños, ya que les permite desenvolver la creatividad, conectarse con sus estados de ánimo y emociones, adquirir concentración y descubrir sus sentimientos. “Es muy bonito, porque cuando haces un trabajo en mosaico tu estado de ánimo y sentimientos quedan reflejados en él. Luego, cuando lo culminas, lo puedes observar con alegría”, señala.

Esta profesora asegura que ver un trabajo terminado en un corto tiempo es muy alentador para los niños, porque se dan cuenta de que pueden hacer algo lindo e importante con sus propias manos. Es así como cientos de pedazos de cerámica de una infinidad de colores pueden ayudar a los niños a sentirse bien, a relajarse, estar en silencio y sacar lo mejor de ellos.

AMOR POR EL TENIS

“Abogado de profesión, profesor por pasión y deportista de tomo y lomo”. Así se describe Rodrigo Hidalgo, quien cree que cualquier deporte es un hobbie especial que regalar a los niños. Inquieto y curioso desde chico, en 6º Básico encontró en el tenis la disciplina que lo ayudaría en varios aspectos de su vida y que se transformaría en la gran pasión de su infancia, adolescencia y adultez.

“Con el tenis aprendí diversas habilidades: cómo trabajar la templanza, la paciencia, el equilibrio y la constancia, enfocados en objetivos concretos. Mis entrenadores me enseñaron a entender los procesos desde el esfuerzo y no desde el talento”, señala quien hoy es profesor de inglés del Colegio Kopernikus de Frutillar.

Rodrigo cree que este deporte es una excelente herramienta en el desarrollo de los niños, ya que los hace vivir una serie de experiencias inolvidables como los entrenamientos, los campeonatos y los viajes, desde la fascinación y la alegría de poder hacer algo que te gusta mucho y que, sin duda, te ayuda a crecer en todo sentido.

VÓLEIBOL PARA TRABAJAR EN EQUIPO

Melita Stotz, psicóloga y profesora, es hincha del vóleibol, deporte que comenzó a practicar a los 11 años y que, asegura, le ha enseñado a valorar el trabajo en equipo, algo fundamental cuando se quiere ganar un partido y esencial para la vida en general.
“Con este deporte aprendí a ser responsable, comprometida, empática y a desarrollar un liderazgo que ni yo misma sabía que podía adquirir. Además, hay que ser organizada, ya que no es fácil entrenar y tener buen desempeño académico al mismo tiempo. Se requiere de mucha organización y compromiso”, señala quien hoy es parte de la selección regional de vóleibol de Aysén y profesora del taller de formación del mismo deporte. “Aquellos que practican algún deporte amplían su mirada, aprenden a convivir y conocer de cerca lo que es el esfuerzo, el triunfo y la derrota”, finaliza.

VIVIR CANTANDO

Para Macarena Mallol, la vida es canto. A través de él, dirige clases en el colegio, da instrucciones, felicita, y hasta “rapea” alguna poesía, además de usarlo con sus propios hijos en casa. Proveniente de una familia en que la música era central y donde le inculcaron un amor especial por ella, creció oyendo canciones, probando voces y disfrutando melodías.

“Después de comida, mi papá sacaba la guitarra y nos enseñaba una canción. Así fuimos creciendo: cantando siempre en familia, en festivales, en el coro del colegio y en las juntas de amigos, además de oír canciones antes de irnos a la cama e incluso mientras nos lavábamos los dientes”, comenta.

Cuando comenzó a trabajar como educadora de párvulos, se dio cuenta de que la música era una herramienta esencial para enseñar, ya que ayuda a memorizar letras y números, seguir instrucciones e incluso recordar contenidos. Y es que la música tiene un sinfín de bondades para potenciar a los niños. Desarrolla el habla adecuadamente, permite mejorar la conducta social y el comportamiento frente a la agresividad. Además, contribuye a mejorar la expresión, eleva la autoestima, los relaja y tranquiliza.

En su propia familia, Macarena usa la música tanto como lo hicieron sus papás con ella. “Con mis niños cantamos mucho en el auto. Tengo una guitarra con la que sacamos las canciones que me enseñaron de chica y las que ellos quieren aprender”, comenta.

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