Escrito por María de los Ángeles Saavedra / Nº 265 /  01 diciembre 2018
Un descanso para el Viejo Pascuero

Llega diciembre y es común ver árboles atestados de regalos, con niños que abren uno tras otro sin importar lo que hay adentro y que olvidan el verdadero sentido de estas fiestas. Es tiempo de enseñarles a nuestros hijos que lo material no es lo importante, sino compartir en familia.

Apenas pasa el 31 de octubre, los supermercados, grandes tiendas y canales de televisión dejan atrás Halloween para inundarnos con imágenes de pascueros, duendes, renos, regalos, esferas de colores para decorar, mensajes que nos llevan a los malls rápidamente con ofertas y miles de productos que, supuestamente, necesitamos para pasar una Navidad como aquellas de los cuentos. Y aunque creamos que nuestros hijos no se dan cuenta, la fiebre navideña les llega también a ellos. A muy temprana edad ya elaboran largas listas con los juguetes que quieren: son los que ven en la televisión, los que tienen sus amigos y los que se abren en algunos programas de Youtube.  Mientras tanto, en nuestra cabeza, las cuentas y la ansiedad suben y suben.

Aquí es donde entra en juego la sencillez para reemplazar el altísimo consumo que ha venido marcando la pauta en los últimos años. Para Ana María Rodríguez, psicóloga de la Clínica Universidad de Los Andes, si bien el concepto de austeridad no es muy utilizado actualmente, la Navidad es un momento especial para recordarlo y ponerlo en práctica. “La austeridad apunta directamente a valores como la moderación y sencillez. Por lo tanto, se requiere de cierta capacidad de autogestión, autonomía y control interno”, explica. Se trata de una cualidad difícil de encontrar en un niño de tres años, sin haberla enseñado previamente. “El pensamiento de los niños a esta edad es muy concreto y no entienden qué es un valor o ideal más abstracto”, afirma.
Desde el punto de vista del marketing, Felipe Vargas, socio director de la agencia de producciones AZTRO, cree que hoy en día las personas agradecen que se les invite a vivir experiencias únicas, en lugar de comprar y consumir. “Si nos adentramos en el verdadero espíritu navideño, donde los niños son los verdaderos protagonistas, es responsabilidad de las familias (pero también de las marcas que ‘venden’ un momento para vivir en conjunto) comunicar mensajes acordes con lo que se quiere escuchar. ¿Y qué quiere un niño? Quiere ser maravillado, sorprendido y sentirse parte de un cuento navideño, idealmente en un entorno familiar. Por ello, las experiencias y los momentos son imprescindibles, ya que son los que quedarán en su recuerdo”, explica.

¿cómo criar niños más austeros y alejarlos del consumismo?

Lo primero que hay que entender es que a esta edad nuestros hijos aprenden por imitación: si nuestra relación con las cosas materiales es de dependencia y necesidad, ellos van a aprender que mientras más juguetes tengan, más felices serán, aunque los olviden una semana después de recibirlos. Junto con ello, también es clave que vean adultos sin ansiedad, presentes y que disfruten de las celebraciones.

“Es necesario enseñarles a comprender que cada familia es distinta y que no es importante regalarse tantas cosas. Si ellos saben lo que es realmente importante para ellos y su familia, no les afectará lo que otros digan o hagan. Esto los hace más seguros de sí mismos desde pequeños y no tan influenciables”, explica Ana María Rodríguez.

Una sugerencia es prepararlos para las fiestas, explicándoles que quizás no van a recibir todo lo que esperan y ayudarlos a entender que esa experiencia es importante. Por lo mismo, decirles que “no”, siempre que sea con amor, se transforma en una instancia de crecimiento y desarrollo, enseñándoles a tolerar de mejor manera la frustración. Además, cambiarle el foco a las fiestas, dejando de lado las exigencias y haciendo una celebración sencilla, con tradiciones que involucren a toda la familia, como hacer las galletas de navidad, la comida o manualidades, alejan el foco de los regalos.

Ideas para Fomentar la Austeridad

Durante los primeros años de vida, es difícil que un niño logre concentrarse y disfrutar realmente de muchos juguetes, por lo que se recomienda entregar solo unos pocos que fortalezcan habilidades acordes a su edad, fomenten las actividades al aire libre, los juegos con otras personas y su imaginación.

Para Ana María Rodríguez, lo importante no está en el número concreto de regalos que reciban, sino en el sentido que se les da, y no ostentar. “Que nuestros hijos no nos vean dando valor a lo que uno tiene, no estar hablando de lo que otros poseen o de lo que nos gustaría comprar. Por ejemplo, ¿por qué un niño pequeño debe saber de marcas de zapatillas?”, explica la psicóloga.

¿Cómo darle, entonces, un sentido diferente a los regalos y a la Navidad? La especialista de la Universidad de Los Andes recomienda, por ejemplo, hacer cajas de Navidad en familia. Ello implica comprar las cosas entre todos, saber las edades de los niños y llevarle algo especial a cada uno, como también entregar la caja personalmente. Otra idea es participar en campañas para reunir juguetes, realizar regalos dentro del núcleo familiar como tarjetas, dibujos u otros recuerdos más personales. O celebrar la Navidad en algún hospital, hogar de niños o ancianos para compartir de una manera distinta esta fecha especial.

Otra idea es la de “los cuatro regalos”, que reduce todas las compras a algo que necesiten, un objeto para usar, para leer y algo que realmente quieran. El objetivo es bajar la cantidad y enfocarse más en la calidad.
Durante el resto del año, agrega Ana María Rodríguez, también es bueno incentivar el valor de la austeridad, encontrando actividades para hacer en familia que no requieran gastar dinero, como ir al parque o salir a caminar. A su vez, se puede poner un objetivo familiar de ahorro con metas visibles y que se vayan alcanzando gracias al esfuerzo de toda la familia.

Educación financiera para niños
Entendiendo la importancia de educar a las futuras generaciones en esta materia, la UNICEF ha creado un Programa de Educación Social y financiera para la Infancia, con el objetivo de que nuestros hijos sean social y económicamente empoderados. En ese sentido, para los niños de cero a cinco años recomienda explicar el valor del dinero, precios, ahorros y posiciones en el marco de la educación financiera. “A través de la educación para la vida práctica, los estudiantes aprenden a alinear sus decisiones con sus capacidades, lo que les ayuda a tomar decisiones acertadas como consumidores y, finalmente, como productores, emprendedores o empleados”, señala la institución.

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